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Contenidos Varios Asig. "Teoria del Arte I". Grado Arte.

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Contenidos Varios Asig. "Teoria del Arte I". Grado Arte.

Mensaje por Uni Kotto el Vie Ene 10, 2014 4:14 am

""""

TEORÍA DEL ARTE I
Cod.67022034
CONTENIDOS DE LA ASIGNATURA
Los contenidos de esta asignatura se organizan alrededor de tres núcleos temáticos, de los que iremos dando cuenta a través del material de lectura recomendado, así como de las clases virtuales:

Tema 1 Historicidad y autonomía de las ideas estéticas


Origenes y funcionamientos de la Autonomía Ilustrada
Natura Naturans – Fuerza Activa
Esfera pública
Disputa de las facultades o cómo ser bello sin tener que ser bueno, noble o útil...



Tema 2 Especifidad del pensamiento estético y artístico


Estética como teoría de la sensibilidad o como ciencia del conocimiento sensible.
Arte como “Techné” y como”Ars”
Identificación y distancia con la noción de belleza
Ajuste de cuentas con la noción de mimesis.



Tema 3 Tensiones entre Estética y Teoría del Arte


Destierro de la sensibilidad como base antropológica y entronización del Arte.
Hegel y la muerte del arte a manos del sistema.
Retorno del lenguaje y subsunción de la filosofía del arte en la crítica del lenguaje
Estética/Poéticas, Estética/Crítica""""
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Uni Kotto

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Re: Contenidos Varios Asig. "Teoria del Arte I". Grado Arte.

Mensaje por Uni Kotto el Vie Ene 10, 2014 4:16 am

[
i]TEORÍA DEL ARTE I
Cod.67022034
EVALUACIÓN

Sistemas de Evaluación:

En esta asignatura se evaluarán tanto los conocimientos teóricos alcanzados por el alumno como las habilidades adquiridas para la práctica profesional. La evaluación de los estudiantes en esta materia se llevará a cabo a través de dos modalidades: evaluación continua (basada en la conjunción de trabajos de evaluación continua y una prueba presencial final) y evaluación final (únicamente se realizará la prueba presencial final).

Trabajos de evaluación continua.
Los trabajos de evaluación continua están pensados para ser resueltos por los estudiantes en su domicilio o en el Centro Asociado. Serán corregidos y calificados por los Profesores Tutores. Éstos enviarán un informe de cada estudiante al Equipo Docente con objeto de que compute en la evaluación final. De esta forma el estudiante obtendrá información sobre su proceso de aprendizaje, ampliará la base de muestra de la evaluación y obtendrá un conocimiento más profundo de la materia. En la segunda parte de la guía se ampliará la información sobre estas actividades.

Prueba presencial final.
La prueba presencial final podrá ser:
a) un examen escrito que tendrá una duración máxima de dos horas, y que se desarrollará en los Centros Asociados de la UNED en las fechas y lugares anunciados por la universidad para cada curso académico. La prueba responderá a un modelo previamente establecido por el Equipo Docente de la asignatura, que se indicará en la segunda parte de la guía.
b) la realización de un trabajo de investigación, cuyo tema determinará libremente el alumno coordinándose para ello con el equipo docente a través del foro de consultas generales.

Cálculo de calificaciones.
Modalidad 1: Evaluación continua (trabajos de evaluación continua más  prueba presencial final).
La nota final de los estudiantes que decidan realizar la evaluación continua estará basada en las calificaciones de los trabajos de evaluación continua y la prueba presencial final. El cálculo de la nota final será producto de la media ponderada entre la calificación obtenida en los trabajos de evaluación continua (calificados por el Profesor Tutor del Centro Asociado) y la que se obtenga al realizar la prueba presencial final (calificada por el Equipo Docente de la Sede Central). La nota de los trabajos de evaluación continua supondrá un 20% de la calificación final, mientras que la nota de la prueba presencial final pesará un 80%. La fórmula de cálculo de esta calificación final será la siguiente: [Calificación final = nota prueba presencial x 0,8 + nota evaluación continua x 0,2]
Esta fórmula amplía el número y tipo de ejercicios sobre los que se calcula la calificación final, por lo que permite ofrecer una evaluación más afinada de los conocimientos del alumno y de su trabajo a lo largo de todo el curso. Si la nota de los trabajos de evaluación continua es superior a la del examen final, la calificación global de la asignatura subirá. Si la nota de los trabajos de evaluación continua es inferior a la del examen final, la calificación global de la asignatura podrá verse afectada negativamente. El Equipo Docente recomienda a los alumnos que realicen la evaluación continua al ser ésta la forma más indicada de asimilar los conocimientos de forma correcta y llegar al examen con una mejor preparación.

Cálculo de calificaciones.
Modalidad 2: Evaluación final (únicamente prueba presencial final).
Los alumnos que opten por realizar solamente la prueba presencial final tendrán la nota obtenida en la misma como calificación final de la asignatura.[/i]
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Uni Kotto

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Re: Contenidos Varios Asig. "Teoria del Arte I". Grado Arte.

Mensaje por Uni Kotto el Vie Ene 10, 2014 4:27 am

APUNTES "Teoria del Arte" Tema 1. Realizados por Marisol. A quién agradecemos su esfuerzo.

""""""""TEORÍA DEL ARTE I
TEMA1
DE: INTRODUCCIÓN A LA TEORÍA DEL ARTE
CAP1º LA EMANCIPACIÓN DE LA ESTÉTICA COMO DISCIPLINA FILOSÓFICA.
La Estética, referida a los saberes difusos o estelares sobre la belleza, el arte y las manifestaciones del mismo, giraba en torno a la “Belleza” y la “mimesis”.
La Belleza que, en compañía de la verdad y la bondad fue elevada a la condición de una idea universal, sería ensalzada incluso como una propiedad objetiva de los seres y las cosas.
La mimesis actuaría como legitimadora de gran parte del arte occidental, encarnado en el modelo clasicista y los posteriores realismos.
El hecho de que no hubiera una Estética como disciplina filosófica reconocible, no quiere decir que no existieran experiencias estéticas como tampoco que no pudieran gozar de un cierto reconocimiento diferenciado respecto de otros comportamientos humanos.
El siglo XVIII marca un hito decisivo en su historia pues no solo revisa las antiguas categorías y elabora y pone en juego otras nuevas sino que las articula hasta conferirles un estatuto teórico y disciplinar. Durante la época de la Ilustración asistimos a la germinación y floración de unos saberes que no sólo pugnan por despuntar sino por engrosar una nueva rama del tronco filosófico. Será únicamente en este sentido, en el que la Estética alcance una autonomía plena como disciplina “ilustrada” por antonomasia.
LA DISPUTA DE LAS FACULTADES
Kant en “la disputa de las facultades”, muestra el antagonismo entre el trabajo científico, propio de la razón y las servidumbres ideológicas impuestas por los órganos del estado. Para J. Habernas, es un conflicto entre conocimiento e interés.
1818, se funda la Universidad de Bonn, se procura apaciguar esta guerra entre las facultades cognoscitivas y las más interesadas Facultades
2
Universitarias en cuyos frescos hoy desaparecidos del Aula Magna se representaban las facultades de Teología, Jurisprudencia, Medicina y Filosofía.
Las oscilaciones disciplinares y académicas son visibles. Es difícil rastrear ciertos episodios de la representación alegórica e histórica de cada una de las disciplinas, aún más tratándose de una autonomía artística que trasluce de la misma estética.
Este ejemplo artístico pretende ilustrar los conflictos disciplinares y académicos de estas ramas del saber, argumentado además que el cartón (dibujado por Götzenberger) en el que se representa la Filosofía funda la Estética como disciplina filosófica.
La Estética aparece señalada como función mediadora entre el arte y lo estético y los grandes sistemas del idealismo y entre la Filosofía Teorética y la práctica.
El arte es colocado en el centro de la filosofía por el modelo Hegeliano y cierra el Sistema Idealista. Es una reconciliación de la filosofía y la ciencia a través del ARTE.
“DE NADA ESTÁ MAS LLENO NUESTRO SIGLO QUE DE ESTETAS”
La estética venía siendo consagrada de una manera pública y solemne desde la Enciclopedia.
Baungarten bautizará la gnoseología inferior o ciencia del conocimiento sensible con una palabra nueva “Aesthetica”.
Los filósofos la acogen como una disciplina y un método expositivo en cuyos marcos se desgranan los sucesivos sistemas estéticos, así la Estética se establece como disciplina más o menos aceptada durante el S XIX-XX.
Durante el XVIII las cuestiones estéticas son de gran calado en los pensadores tales como Feijoo, o Arteaga. Dos son las corrientes que pretenden marcarse con estos autores, la del empirismo inglés y Voltaire, que sintonizaba con Feijoo, y el Neoclasicismo de Heng y el arte clásico de Winckelmann en que se fijó Arteaga.
La Estética no consigue, sin embargo, ningún sistema crítico, ni alcanza autonomía suficiente puesto que ha sido relegada de su sitio natural (dentro de la filosofía académica) a los debates literarios.
3
La primera mención de la estética como nueva disciplina aparece en la revista barcelonesa “El Europeo” en 1824. El pensamiento alemán ilustrado o idealista sólo empezará a conocerse a partir de mediados del S XIX cuando el pensamiento sistemático ha entrado en un proceso de disolución.
El término de “Estética” será todavía entendido como parte filosófica de la literatura, acepción de lo bello y la filosofía de las bellas artes.
El reconocimiento de la Estética en España es tan tardío que se vincula con los filamentos más débiles de la estética europea.
Tras la Revolución de 1868, la Estética, en cuanto a disciplina independiente, se impone como asignatura de Doctorado al lado de la Historia y de la Filosofía; y ya en el S XX, como materia de la carrera de “Filosofía pura” (Facultad de Filosofía y Letras). Después de nuestra guerra (In-) Civil la estética fue acogida en las escuelas Técnicas Superiores de Arquitectura, “refugio de filósofos”, quizás por lo subversivo de su inconformismo. Durante los años ochenta del pasado siglo, la Estética renace con vigor como una disciplina académica no sólo en las Facultades de Filosofía (como Estética y Teoría de las Artes) sino que se expande hacia las Facultades de geografía e Historia (sección de Historia del Arte), Arquitectura, Bellas Artes, Literatura y Ciencias de la Información.
Este desdoblamiento no era para nada novedoso, consolidada a finales del S XIX una escisión desgarradora “Estética y Teoría del Arte”, se consuma en los albores del nuevo siglo bajo la impronta de historiadores del arte y la presión de los lenguajes artísticos modernos en la sutil separación entre Estética y Ciencia general del arte.
Al abogar por una “separación sutil” entre ambas ramas se suaviza la escisión entre la Estética y la Ciencia del Arte, desplazando la Ciencia del Arte a la Filosofía del Arte. Se toma conciencia de que si, por un lado, “lo estético” abarca más que “lo artístico” y no se agota el mundo del arte, por otro, en el arte, los aspectos estéticos, coexisten con los extraestéticos.
A primera vista, la propagación de la disciplina durante los últimos años, invita a creer que “nuestro tiempo está lleno de estetas”, sin embargo, su presencia en nuestras Facultades está llena de prejuicios y equívocos en direcciones varias.
“Estética y Teoría de las Artes” está siendo subsumida en otras áreas del conocimiento como Historia del Arte o Composición Arquitectónica, hasta hacerse casi irreconocible como filiación filosófica.
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“LA ARQUITECTÓNICA DE LA RAZÓN” Y SUS VIOLACIONES ANALÓGICAS.
Según Kant, las facultades del espíritu son tres: facultad de conocer (donde encuentra principios en la Crítica de la Razón pura o teorética), facultad de desear (principios en la Crítica de la razón práctica) y sentimiento de placer y de dolor (cuyos principios buscará).
La gran aportación Kantiana, encumbrada a documento clave para la fundación disciplinar, estriba en que a través de su tercera crítica conquista la ciudadanía plena para “la facultad de juzgar del juicio”, para el juicio estético. Kant convierte a lo estético en una mediación necesaria entre la naturaleza y la libertad, entre la facultad de conocer y la de desear, entre el entendimiento y la razón; en “la crítica del juicio”, Kant intentará delimitar el lugar que ocupará el juicio estético entre las facultades del espíritu humano.
Kant se nutre de influencias reconocibles como Baumgarte, Mewyer y Sulzer, o por los empiristas ingleses; lo inédito y original de la fundación kantiana de la Estética estriba en la deducción trascendental, expresión solemne a la caza y captura de los “principios a priori”.
La fundación de la Estética como disciplina es deudora de dos acontecimientos complementarios en el periodo “ilustrado”: “La universalidad de la razón” y la “universalidad de la naturaleza humana”; ambas se incluyen en la “universalidad del gusto” en cuanto a que todos los pueblos del globo gozan de la misma conciencia de lo bello, y del arte por el simple hecho de pertenecer al género humano.
En resumen: “La Universalidad del gusto” brota del convenio universal de la humanidad en el sentido de la belleza (y en general de lo estético) así como la posibilidad de descubrir unos principios tan legítimos y generales como los de la razón.
La Estética es una disciplina absolutamente democrática que bebe en las fuentes “a posteriori” del gusto.
Kant, no sintiéndose satisfecho con haber erigido un primer edificio, “la Crítica de la Razón Pura”, a continuación levanta un segundo, “La Crítica de la Razón Practica” pero convencido a su vez de que se hace necesario un tercer que se dispone a proyectar y construir, “La Crítica del Juicio”.
En esta última Critica, despliega su influyente estética, matiza que si bien la filosofía en cuanto a sistema, sólo puede constar de dos parte principales: la teoría y la práctica, el hecho de que “la facultad del juicio” sea tan particular y
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enigmática, hace necesaria una parte especial en la crítica para esta facultad, ya que trata de explorar unos comportamientos que no son ni teóricos ni prácticos sino que nos traspasan los umbrales de unas conductas, antropológica e históricamente diferenciadas, de la dimensión estética; todo ello le empuja (si no desea dejar incompleto su proyecto crítico) a coronar un sistema que conste de tres partes diferenciadas: la teórica, la práctica y la estética.
La erección de la Critica del Juicio, no sólo garantiza un lugar espacioso y separado para lo estético, sino una autonomía relativa a su correspondiente disciplina, la circunstancia de que se le asigne como tarea una mediación entre ambas no implica que se repliegue ni que se subordine sino más bien que las complemente en sus confesadas insuficiencias. La dimensión estética no es pues un adorno sino un comportamiento humano distintivo e irrenunciable que se halla al mismo nivel que el teórico y el práctico.
“El juicio estético” en cuanto objeto de “La Crítica del Juicio” es el encargado de facilitar el tránsito, de tender el puente entre dos edificios, de promover la conexión entre las tres partes agrupadas del sistema.
Un proceso similar de inserción seguirá la Estética antropológica de Schiller o la Filosofía del Arte de Schelling y Hegel. La insuficiencia de la Enciclopedia o del sistema filosófico en cuestión, es el estímulo que desencadena la instauración de la nueva disciplina.
La Estética conquista su autonomía perfilándose como la disciplina ilustrada por antonomasia como uno de los vectores fundamentales del Iluminismo o de La Filosofía Clásica alemana a la transición de la modernidad. La reflexión estética es inseparable de una teoría de la modernidad y a la inversa.
La Estética en cuanto a disciplina filosófica se inscribe en esta “arquitectónica”, se ordena espacialmente en la red o el cuadro, o en la constelación que gira en torno a un círculo para satisfacer las exigencias de la Filosofía del Espíritu Absoluto.
La Estética se articula con las restantes disciplinas filosóficas, no sólo se consolida como disciplina filosófica sino incluso como académica.
Dicha vertebración garantiza un espacio en el mismo sistema académico para la Estética o la filosofía del Arte y una autonomía disciplinar; proclive a unificar las restantes partes y las complementa en sus insuficiencias.
Hegel y Kant fueron los últimos que pudieron escribir una estética grande sin entender nada de arte, esto fue posible mientras el arte se orientó por normas generales que la obra individual no ponía en cuestión. El hecho de que en la filosofía y en el arte imperara el mismo espíritu permitía a la Filosofía hablar sustancialmente del arte sin entregarse a las obras.
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Esta participación del arte y de la filosofía en el mismo espíritu no trasluce sino el hecho de que la Ilustración o incluso el Idealismo son todavía eslabones en los que culmina la episteme clásica. Cuando Kant escribe la “tercera Crítica”, está en pleno apogeo el Neoclasicismo en la artes; cuando sus sucesores articulan los diversos sistemas estéticos del Idealismo o Hegel dicta “las lecciones de la Estética”, les embarga todavía una añoranza clasicista. En las estéticas de los grandes sistemas el clasicismo y la función crítica de la “bella apariencia” son correlativos. De aquí brota la reiterada hipótesis sobre la mediación transformada en una mediación artística que se prolonga en nuestra modernidad.
La hipótesis de la mediación del arte estaría plasmada visualmente en la ya comentada obra de Götzenberger y en la añoranza de la armonía que destila “El estudio del pintor”.
Baudelaire, poco después, en la inflamada dedicatoria “a los burgueses” se esfuerza por reinstaurar el ideal de la “armonía suprema” entre todas las fuerzas del alma y las partes del ser en el equilibrio “natural” (Ilustrado) del ideal de la apropiación burguesa del mundo.
En este reto contemporizador de las condiciones sociales, la apelación al futuro equivale a cursar una invitación para realizar un proyecto que implique a los mismos burgueses y clases acomodadas como “amigos naturales” del arte, pero, al mismo tiempo es un canto que había entonado el pensamiento ilustrado e idealista acerca de papel mediador del arte que sólo se consumará cuando el espíritu de totalidad triunfe sobre el espíritu de la fragmentación.
Baudelaire se percata de las condiciones adversas del presente y procura neutralizar las tensiones provocadas por la división social del trabajo que denunciaba Marx por aquel entonces.
Los sistemas estéticos han llegado hasta nuestros días bajo distintos disfraces y satisfacen la “utopía del orden” de relaciones duraderas y atemporales que desde entonces acompañan la nostalgia del orden perdido y las múltiples tentativas por superarlo.
Hoy en día, no es posible sustraerse de las connivencias y complicidades que existen entre Estética y Modernidad, ni a los avatares de modernidades plurales. Sobre todo, de aquellos en cuyos escenarios se ha desplegado la disolución del clasicismo y se ha fraguado la construcción de lo moderno.
La reflexión estética hipotecada a las rigideces de los sistemas resulta inviable puesto que la modernidad se caracteriza precisamente por el triunfo de la fragmentación; se ha vuestro imposible la vuelta a la totalidad del discurso clásico a no ser que se trate de una poética singular o de un simulacro en la órbita de los posmodernismos figurativos.
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En la actualidad, apenas se producen obras de estética con ambiciones similares a las que percibíamos en los sistemas filosóficos del pasado; en algunas tentativas recientes como ciertas estéticas fenomenológicas, estructuralistas, sicóticas o hermenéuticas, no se ocultan las pretensiones de alcanzar nuevas formalizaciones pero sus limitaciones son : el realismo y la teoría del reflejo artístico.
Ya no nos movemos dentro del “sistema” del “cuadro”, sino en él, en el adorno y la ostentación, es decir, en la “ficción teórica”.
La autonomía de la Estética como disciplina tenía un compromiso temprano con el pensamiento sistemático, la red sistemática contrasta con las flaquezas y los riesgos que oculta; el recurso de los sistemas garantiza una conciliación momentánea de la estética en la racionalidad de los mismos, pero pronto no le quedará más salida que violentarlos; en realidad, cuando se percata de que el cuadro lógico, conceptual, fracasa ante una conducta que no puede reducirse a la lógica ni a los conceptos pero sí rica en ideas (estéticas para Kant).
En el S XVIII el cuadro y la red, se conocían como clasificación y en nuestros días como formalización. La naturaleza de lo estético, explorada gracias a la analogía clasificatoria, no puede impedir que se manifiesten las violaciones del cuadro sistemático como precio a pagar para salvar la coherencia del propio sistema.
La Estética erigió un hito en la genealogía del sujeto idealizado pero en la experiencia, ya sea en la historia o en la cotidianidad no le queda más remedio que arrinconar muchas de las ilusiones de la potencia de ese yo. En el sistema kantiano asistimos a las primeras escaramuzas que se entablan entre el sujeto ideal y el empírico con sus diferencias; contradicción observada también por Marx “sujeto individual y social “y Freud mediante la interpretación del inconsciente, lo otro.
Las violaciones analógicas acaban por socavar la analítica de lo bello como después lo hará en la dialéctica hegeliana el “después del arte”. El sistema de Hegel está volcado hacia el pasado (clasicismo), sus debilidades ponen al descubierto qué acontece tras la famosa hipótesis de “la muerte del arte según su determinación suprema” en su relación con la “representación de lo verdadero para el Espíritu”. De cara al futuro, que es nuestra actualidad, parecen importar más las fallas del sistema que sus innegables éxitos frente a las figuras del pasado.
Si la nostalgia del “antes del arte” embargaba a Heidegger (“el origen de la obra de art”), el “después del arte” está siendo de los puntos de partida de la reflexión estética contemporánea y, en particular, de la visión popularizada por A. Danto. (“Después del fin del arte”).
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El “después del arte” no se recluirá en un mortecino declinar del mismo arte; el resquebrajamiento del sistema trasluce la descomposición de la antigua totalidad entendida como concepción vital y estética aferrada al dogmatismo del ser; sino que, promueve el devenir, las nuevas configuraciones críticas, imprime una conflictividad y una heterogeneidad, hasta entonces inéditas en las propias funciones simbólicas del arte.
Resumiendo, el escarceo con la lógica del cuadro, con la red de los sistemas, no es arbitrario, sino que viene promovido por la propia vitalidad y la versatilidad de las experiencias estéticas, sedimentadas en las artísticas, así vislumbradas. En particular, cuando la universalidad ilustrada y clasicista, dejan de ser los referentes estéticos y artísticos por antonomasia, una vez traspasados los umbrales de la modernidad más radical. Arriesgaría (Marchan Fiz) incluso a sugerir que ello debe cargarse a cuenta del siguiente desdoblamiento: las estéticas del “cuadro”, de la formalización que quiere controlarlo todo, son propensas a la imagen cíclica y atemporal, de raigambre clasicista que satisface la exigencia de la razón teorética, de la racionalidad y las aspiraciones filosóficas a la universalidad, mientras que las violaciones que la burlan sintonizan más bien con la progresión indefinida, de extracción romántica que responde a los requerimientos de la razón práctica extrapolada a la estética, ya sea de la realización de lo estético en las sociedades modernas o en las realizaciones de lo artístico en las nuevas positividades artísticas, en el ser de los “lenguajes artísticos” modernos o en el qué hacer con ellos en las presentes condiciones, poco importa si postmoderna o inscrita en una segunda modernidad.
LA ESTETICA EN NUESTROS DÍAS
Casi dos siglos después de las primeras fundaciones disciplinares, la Estética ha gozado de poco respeto y escasa consideración en los círculos supuestamente más sensibles como el mundo del arte: artista, críticos e historiadores del arte; no hace demasiados años en pleno apogeo de la filosofía del lenguaje y de la teoría de la ciencia, del “imperialismo lingüístico” o de la “matematización”, la Estética parecía diluirse en estas ciencias universales, también era frecuente escuchar hablar sobre “la muerte del arte”, “la muerte de la filosofía”, “después de la estética filosófica”, “la filosofía postestética del arte” o incluso del “final de la estética”.
Las circunstancias de que las categorías de la Crítica del Juicio procediera y reprodujera conceptos extraídos de la crítica de la Razón pura, ponía el dedo en la llaga de la siguiente paradoja para la estética: la extrapolación de los juicios
9
lógicos a los juicios estéticos en el momento en que se denuncia y resalta que los segundos son irreducibles de los primeros.
Semejante paradoja marcará las relaciones futuras entre la estética y la filosofía particularmente tensas en ciertas corrientes, sobre todo en las vinculadas a la primera época de la “filosofía analítica”. Desde que Ogden y Richards publicaran “el significado del significado” (1923), en el mundo anglosajón no parecen atañer tanto a las experiencias estéticas y los objetos artísticos, ni siquiera los estados objetivos de cosas sobre las que trata la ciencia, cuanto a las proposiciones mismas, “al lenguaje en el que se habla sobre arte y estética”.
La crítica neopositivista a la metafísica, apela a la distinción entre las proposiciones con sentido o carentes de él. Ogden, Richards y Ayer, ponían en duda las definiciones estéticas.
Para Kant no había una ciencia de lo bello sino una crítica de lo bello, para el Neopositivismo reciente, era una excusa para sacar consecuencias radicales sobre la negación de la disciplina de la Estética y su existencia; los conceptos de Estética se reducen a sentimientos que desencadenan respuestas subjetivas. Se abre pues un abismo entre entendimiento y sentimiento, entre juicios lógicos y estéticos que, además, resulta infranqueable si se invocan sobre todo las cuestiones de la “validez objetiva” y “la universalidad”.
La “estética filosófica” se encuentra siempre ante una fatal disyuntiva que suele bascular entre la universalidad banal y los juicios arbitrarios de una fantasía convencional; de ello se aprovecha la “filosofía analítica del lenguaje” postulando que no puede darse una ciencia estética en cuanto que no posee un significado literal puesto que no es verificable.
Igualmente, la “estética filosófica” ha estado a punto de sucumbir a manos de la filosofía analítica en una segunda acepción aquella que únicamente reconoce como científicos los métodos analítico-casuales o explicativo-objetivos de la ciencia. Esta versión invoca las “proposiciones sintéticas”, aquellas que están validadas por la experiencia.
Las escuelas de la Filosofía Analítica del lenguaje o de la Filosofía Neopositivista exigían para la Estética la introducción de una determinada terminología o lingüística que la convertiría en una esclava de la física o de los juegos lingüísticos. El abogar por una disolución de la estética filosófica era en realidad la liquidación de la estética sin más.
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En este clima Neopositivista lo artístico y lo estético se asociaban a una nueva racionalidad científico-técnica; aunque las pretensiones por construir un campo epistemológico unitario son inviables.
La Estética debe subsumirse en la Hermenéutica, siendo el arte encarnado en la obra artística, un acontecer más de sentido, estético o no, situado al mismo nivel que cualquier otra manifestación de la tradición. Aún asumiendo la obra de arte como paradigma de “la verdad”, tiende en general a una comprensión más general de las ciencias del espíritu en cualquier proceso histórico. El arte, se expone y exhibe con tal ambición de comprensión, que abandona el dominio de la estética en beneficio de la construcción de una hermenéutica general.
Th. W. Adorno, probablemente el esteta más lúcido de la segunda mitad del S XX dedicaba, con cierta ironía, sabrosos comentarios a la postración que padecía la disciplina, a lo anticuado de la “estética” en su sentido tradicional.
Los vínculos entre Estética y Filosofía son problemáticos: la filosofía suele poner en la estética expectativas que la desbordan por defecto de verdad (Neopositivismo en general) con lo cual la estética tiende a ser anegada por la filosofía o por exceso de verdad (Absolutismo estético en el Idealismo, ontología hermenéutica en la actualidad) con lo cual la filosofía puede quedar absorbida por la estética.
La Estética en cuanto ciencia del conocimiento sensitivo, según Baumgarten, se balancea entre la heteronomía de la subordinación de lo sensible a lo racional, de lo percibido a lo lógico de la facultad inferior a la superior.
Las actitudes que se perfilan en el presente ante la Estética son:
1- Paraestéticas:
Término que alude a una especie de rodeo que gira en torno a cuestiones estéticas desde fuera de los ámbitos acotados de la Estética en un sentido disciplinar estricto. Algo así como una estética que se vuelve contra sí misma que empuja a una estética defectuosa, desordenada e impropia; una estética en la que el arte no tiene un lugar determinado y suele aplicarse a reflexiones de pensadores como Nietzsche.
2- La estética como ideología:
La Estética como ideología de una época que se jacta de no tener ninguna estética. Es una versión que legitimaría la estatización de la política o la despolitización de la estética.
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3- Postestéticas más allá de la Estética:
Si la “estética” en su sentido estrecho se refiere a una comprensión del arte como un objeto del gusto fuera de la verdad y la moralidad, las teorías “postestéticas” del arte son esas mismas críticas de verdad, únicamente la cognición en la medida en que va más allá de la estética implica un desmentido de la distinción rígida que separa los derechos del gusto de los derechos del conocimiento y la acción correcta.
4- Estética de la antiestética.
Mientras las disfunciones entre la Estética y el Arte ha sido un lugar común en la primera modernidad y las vanguardias históricas, la situación ha vuelto a plantearse de un modo explícito y polémico en las neovanguardias, sobre todo a partir del arte “conceptual” y tras la irrupción de los “efectos” Duchamp y Warhol.
Tomando como punto de partida la conocida triada hegeliana, para Kosuth el arte no sólo satisface, como la religión y la filosofía, las necesidades espirituales del hombre sino que, a partir de los “Ready-mades” de Duchamp, postula el fin de la filosofía y el principio del arte en virtud de su carácter o elemento “conceptual” abogando al mismo tiempo por la separación respecto a la Estética.
“Es necesario separar la estética del arte” porque: La estética trata las opiniones sobre las percepciones del mundo en general y cualquier rama de la filosofía que tratara de la “belleza” y, en consecuencia del gusto, estaba inevitablemente destinada a tratar del arte. Arte y Estética carecen de conexión conceptual.
Danto postula, silenciando casi por completo a Kosuth, que “desde la perspectiva del arte, la estética es un peligro toda vez que desde la perspectiva de la filosofía el arte es un peligro y la estética la agencia para tratar con él”. “La conexión entre arte y estética es una contingencia histórica y no forma parte de la esencia del arte”, pues, “la estética se volvió crecientemente inadecuada para tratar con el arte después de 1960” y “el éxito ontológico de la obra de Duchamp, consistente en un arte que triunfa ante la ausencia o el desuso de consideraciones sobre el gusto, demuestra que la estética no es una propiedad definitoria del arte”, un arte postestético.
“Arte estético” puede ser interpretado como una práctica artística naciente en la que no importa tanto la acción del genio como la mediación de la experiencia estética del artista como espectador. En el arte estético
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moderno en el que desempeña un papel relevante el juicio estético suele ser confundido con el arte estatizado en el que priman abusivamente las funciones estéticas, ya sea en el arte por el arte o en el arte autónomo en sus versiones más formalistas.
Nos encontramos una estetización del arte, como si tuviera que recluirse necesariamente en el purismo artístico o en el formalismo radical.
5- Retornos varios a la Estética.
Las actitudes anteriores provocan una reacción que aboga por una vuelta a criterios reconocibles en la tradición disciplinar. Es decir, por un abierto retorno a la Estética o por una renovación de la Estética en sus fuentes. En la medida en que la Estética se desplaza a sus márgenes incluso volviéndose contra sí misma, lo extraestético que coexiste con lo estético, acaba siendo excluido y en esta exclusión termina por ser excluida la estética misma como disciplina.
Abogando por un retorno a la Estética pero compatible con una Crítica de la Estética y una Estética Crítica y que suscriba igualmente una reconstrucción genealógica de los saberes estéticos a la manera de Foucault y Adorno. De manera que estas actitudes no queden atrapadas en la ingenuidad cronológica y puedan desplegarse en una discontinuidad y en una pluralidad de fenómenos estéticos que sean capaces de instaurar un saber, un discurso. Sencillamente, de lo que se trata es de reconocer las herencias que aún administramos o que condicionan nuestra cultura.
No menos operativa está siendo la mediación lingüística a la manera de los “juegos lingüísticos”, la estética se compromete con la crítica de su propio lenguaje, sin por ello tener que abandonarse, al modo de ciertas concepciones analíticas, a una disolución en los análisis lingüísticos.
En los nuevos escenarios de unos espacios discontinuos que ya no abandonan los efectos de las experiencias estéticas y artísticas en curso, es donde fraguan sus destinos unos saberes estéticos inseguros y precarios pero que apuestan por sortear el frecuente enfrentamiento entre el factum y el concepto. La estética, aunque sea desde la consideración de una teoría débil, cristaliza ineludiblemente en una cadena conceptual, lo cual no tiene por qué derivar en una sucesión de formalizaciones hueras y filosofemas, como, tampoco, a definiciones esencialistas y estáticas.
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Uni Kotto

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Re: Contenidos Varios Asig. "Teoria del Arte I". Grado Arte.

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