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La otra Historia de Roma

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La otra Historia de Roma

Mensaje por Hath el Lun Dic 17, 2012 6:22 am

Sin duda, lo más llamativo de los romanos, para nosotros, es su vestuario.





Los ciudadanos romanos vestían la famosa toga.
Una enorme prenda de lana en forma de media luna que se enrollaba alrededor del cuerpo y se mantenía sujeta sin broches ni alfileres, por lo que debía ser pesada y ponérsela debía ser todo un arte, ya que según los escritos antiguos era prácticamente imposible hacerlo sin ayuda.
La toga era el símbolo de la ciudadanía, y sólo los ciudadanos estaban autorizados a usarla, aunque la gente corriente sólo la utilizaba en ocasiones especiales (de la misma forma que hoy utiliza el traje y corbata uno que no tiene que trabajar con ellos).
Los senadores, los caballeros y los magistrados la usaban siempre en público.
Con la toga, el romano vestía una túnica también de lana cuyas mangas llegaban hasta los codos y su borde inferior hasta las rodillas, pero por detrás era unos cuatro dedos más larga.
Para ceñirla al talle se usaba un cinturón de piel o un ceñidor de cáñamo.
Tanto el color de la toga como el de la túnica eran el color natural de la lana: crema claro.





Los soldados vestían una túnica más corta que llegaba hasta por encima de las rodillas también del mismo color.
Los senadores llevaban en la túnica el latus clavus, dos franjas de púrpura, un raro y muy caro tinte extraído de un molusco.





de unos cuatro dedos de anchura que bajaban desde los hombos hasta la parte inferior, los miembros del orden ecuestre, los equites o caballeros, llevaban el angusus clavus, dos franjas de púrpura de unos dos dedos de anchura.
Los ciudadanos se calzaban con unos zapatos de piel llamados perones, que solían ser de color cuero y se anudaban con cordones o hebillas.
Los legionarios usaban las famosas caligae o sandalias de cuero con suela claveteada por clavos de hierro.
Los senadores calzaban unos zapatos especiales llamados calcei de color rojo o negro con una hebilla de plata en forma de media luna que les distinguía.

La diferencia de clases era palpable a simple vista, no sólo porque, obviamente, los más afortunados vistieran prendas de mejor calidad, sino porque el atuendo romano, a pesar de ser el mismo para todos los ciudadanos, tenía una serie de símbolos bien visibles que identificaban la clase a la que pertenecía su portador.













1- Un ciudadano romano común, con su túnica, su toga encima y los calcei (zapatos). Generalmente se representan tanto la túnica como la toga romanas de color blanco, pero solían ser del color natural de la lana virgen, es decir, un color crema claro. Esta toga normal es la Toga Alba o Toga Virilis.

2- Un caballero o equite, reconocible porque en su túnica luce las dos franjas de púrpura estrechas
o angusus clavus. Aquí sólo es visible una de ellas, ya que la del lado izquierdo queda oculta por la toga.

3- Un senador, reconocible por los calcei rojos y las franjas de púrpura de cuatro dedos de anchura de su túnica (latus clavus). Los zapatos de los senadores también podían ser negros. Los senadores llevaban un anillo de hierro en el dedo anular de la mano derecha.

4- Un magistrado en ejercicio. La anchura de las franjas de púrpura de su túnica dependían de si era senador o caballero, pero todos los altos magistrados en ejercicio llevaban la Toga Praetexta, una toga con una franja ancha de púrpura bordeándola.

5- La Toga Picta o Toga Triumphalis era toda de púrpura y estaba bordada en oro. Fue la toga usada por los reyes de Roma durante la Monarquía. Durante la República sólo podía llevarla el vencedor mientras celebraba su Triunfo. Generalmente la túnica también era de púrpura. No sabemos cuándo los emperadores empezaron a usar esta toga en la época imperial, pero los de la dinastía Julia-Claudia (de Augusto a Nerón) no se atrevieron a ello ya que en ese periodo, la posición legal del emperador era la de un Primus Inter Pares (el primero entre iguales) y su uso continuo hubiera molestado al Pueblo. De hecho, los primeros emperadores ni siquiera usaron la Toga Praetexta salvo cuando ejercieron alguna magistratura. Limitándose a vestir siempre como un senador más. Los estrafalarios vestidos hollywoodienses con que nos "obsequian" la mayoría de las "películas de romanos" están pues bastante de sobra.dan colorido a la pantalla, pero no son en absoluto históricos.

6- La Toga Trabea del Pontifex Maximus con franjas escarlata, color rojo muy vivo y púrpura. Es la famosa "toga de colores" que cita Cicerón y que llevó César cuando ejercía de Pontífice Máximo.

7- La Toga Pulla era la toga de luto. De color negro. Si el enlutado era un senador se ponía una túnica con las franjas de púrpura estrechas de los caballeros.

8- Durante las elecciones, los candidatos se ponían la Toga Candida, una toga normal pero blanqueada con polvo de yeso para que fuera completamente blanca.

Fuente: http://www.historialago.com/leg_01030_losromanos_01.htm


Última edición por Hath el Dom Feb 17, 2013 12:03 am, editado 1 vez
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Re: La otra Historia de Roma

Mensaje por Hath el Lun Dic 17, 2012 6:39 am

Roma se llevó de Hispania el garum, el aceite, las puellae gaditanae… y el jamón serrano

Lo que se inició a finales del siglo III a. C. como una invasión estratégica para cortar las líneas de abastecimiento cartaginesas que sostenían la invasión de Roma por Aníbal durante la

Segunda Guerra Púnica, pronto pasó a ser una labor de conquista que en unos doce años había expulsado por completo a las fuerzas cartaginesas de la Península.

Sin embargo, Roma aún tardaría dos siglos en dominar la totalidad de la Península Ibérica, debido principalmente a la fuerte resistencia que los celtíberos, lusitanos, astures, cántabros…

ofrecieron a los romanos.

Algo debía tener nuestra Hispania por lo que mereció la pena luchar dos siglos… el garum, el aceite, las puellae gaditanae (muchachas bailarinas y cantoras de Gades que obtuvieron

una gran fama en aquella época, fama que llegó hasta Roma)… y el jamón serrano.







Los romanos ya eran consumidores de jamón, el llamado prosciutto.

Catón el Censor (234-149 aC) escribió el primer documento sobre la conservación de jamones de cerdo: se dejaban unos días en salazón, después se les untaba con aceite de oliva

y se colgaban a secar.

Menciona que pernae (jamón) y petasones (patas delanteras) se produjeron en la llanura emiliana – era y es famoso el de Parma – como provisiones para el ejército así como para

banquetes en Roma.

También sabemos que, después de su victoria sobre los romanos en Trebbia en el 217 aC, Aníbal entró en Parma y confiscó a los habitantes como botín de guerra los jamones

almacenados en barriles de madera.

Un siglo más tarde en su De re rustica el historiador Varrón (116-27 aC) y el geógrafo Estrabón (63 aC-24 dC), confirman la fama del prosciutto de Parma.

Antes de la llegada de los romanos, los pueblos prerromanos ya se deleitaban con los manjares que generosamente les regalaban los cerdos:

chacinas, embutidos… y, sobre todo, jamones – en la antigua Tarraco se encontró un fósil de jamón con más de 2.000 años -.

Si los romanos ya conocían el jamón, para qué querían los nuestros… por su calidad y su sabor más intenso.

Estrabón en su Geographica menciona la gran calidad de los jamones cántabros y cerretanos, ya que los cerdos eran alimentados de bellota, y los compara con los ceretanos

pirenaicos, cuyos perniles fueron muy codiciados después de la Pax Romana.

Marcial en un epigrama:

Del país de los cerretanos o de los manapianos (pueblo celta del área del Rhin) traedme un jamón, y los golosos que se ahíten de filetes.

Pero el jamón hispano no se lo podía permitir cualquiera, se convirtió en un artículo de lujo.

De hecho, en el Edicto de Precios Máximos o Edicto de Diocleciano del 301 se fijaba un precio de 20 denarios para una libra (326 gramos) de jamón cerritano.

Para hacernos una idea de su precio, los 20 denarios era el sueldo diario de un arriero o un campesino.

Tal fama llegó a adquirir que incluso se acuñaron monedas temáticas…





Fuentes e imágenes: Departamento de Historia de la Universidad de Huelva, El jamón y sus orígenes, El jamón en la gastronomía,
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Re: La otra Historia de Roma

Mensaje por Hath el Vie Dic 21, 2012 7:24 am

¡TODOS LOS GESTOS LLEVAN A ROMA!






Todos, en algún momento u otro, nos hemos preguntado el por qué de los gestos.

¿De dónde surgen?, ¿Cuál es su origen?, ¿Cómo han llegado a nosotros?, ¿Por qué cruzamos los dedos deseando que algo salga bien?, etc.

Esto precisamente me sucedió a mi cuando, hace poco, una amiga cumplía años y quería dedicarle algún “regalo” especial: desvelar el origen del famoso “tirón de orejas”.
De ahí que me encontré que las Universidades de Baleares y Barcelona acababan de publicar un estudio, y de ahí la publicación “El por qué de nuestos gestos”, extraído de los textos y de la iconografía de la Antigüedad, habiéndo llegado a conclusiones muy interesantes.
Los investigadores han podido documentar gestos que se han conservado a través de los tiempos y nlos han llegado con el mismo significado; otros que desaparecieron; y otros que son usado todavía pero con distinto significado.

http://www.chironweb.org/pergamon/wp-content/uploads/El-porque-de-nuestros-gestos.jpg

En el estudio, destacó un pasaje de “Las metamorfosis” de Apuleyo, en la que el autor describe con todo tipo de detalles el gesto para comunicar aprobación.
Se trata del mismo gesto que todavía hoy persiste entre nosotros y que consiste en mover la cabeza en sentido vertical, alternativamente hacia arriba y hacia abajo.
Sin embargo, el gesto de negación no se parece en nada al utilizado (movimiento de la cabeza hacía ambos lados) sino que se realizaba echando la cabeza hacía atrás,
gesto que todavía persiste en el Sur de Italia, en Sicilia y Malta, Grecia y Turquía.

Los romanos, pues, copiaron esto gestos de los griegos, así como de los Galos el de burlarse de alguien “sacando la lengua”.

Veamos algunos de los resultados de este estudio:

LOS DEDOS Y LAS MANOS







BURLA CON AFRENTA.
¿Quién no conoce o ha utilizado el signo “despectivo” levantando el dedo corazón a modo de miembro viril erecto con el puño cerrado? Este gesto, el digitum impudicum, ya aparece en un texto de Marcial: “Ríete mucho, Sextilo, de quien te ha llamado afeminado y levanta el dedo de en medio”; y en un poema priapeo “¿Tu también te ríes de mi, ladrón, y me muestras el dedo impúdico cuando te amenazo?”. El gesto de tocar la barba a otro, en desuso, se usaba también como una actitud de falta de respeto, burla o afrenta.

PROTECCIÓN CONTRA EL MAL DE OJO. Entre ellos se encuentra la higa o figa –cerrar el puño con el dedo pulgar entre el índice y el corazón– o la variante de cruzar los dedos corazón e índice; y los cuernos –levantar los dedos meñique e índice con el puño cerrado–. Hoy en día se mantienen todos ellos, pero en la mayor parte de los casos han perdido su significado mágico y tienen un sentido de insulto, afrenta o se emplean como gestos obscenos.

CHASQUEAR LOS DEDOS.
Con este gesto se llama la atención de alguien con intención de enviarle una orden.

GESTO PARA IMPONER SILENCIO. Acercando el dedo índice a los labios, lo describe Apuleyo: “Pero él, llevándose el índice a los labios, atónito por el miedo, dijo: Calla, calla”.
ENTRELAZAR LOS DEDOS Y CRUZAR LAS PIERNAS. Este gesto “maléfico, asociado al “impedimento”, aparece en un pasaje de Las Metamórfosis de Ovidio «Y cuando oyó mis gemidos, se sentó ante la puerta y, oprimiendo la rodilla izquierda con su rodilla derecha y con los dedos unidos entre sí como un peine, detuvo el parto». En la actualidad, las normas de etiqueta desaconsejan adoptar el gesto de cruzar las piernas en determinados actos y también se considera una postura inapropiada en recintos religiosos.

LOS LABIOS.

La investigación ha confirmado que los romanos eran muy besucones. Besaban mucho y de muchas formas y eh aquí algunas de los gestos que nos han llegado:

LANZAR UN BESO CON LA MANO. El gesto ha llegado hasta nosotros modificado, inicialmente tenía una connotación religiosa, la “adoratio” consistía en juntar los dedos índice y el pulgar, llevarlos a los labios, besarlos y lanzar el beso a las estatuas de los dioses. Hoy día, se utlizan todos los dedos y se utiliza para indicar que algo, persona o cosa, nos gusta mucho.

LOS OJOS.





MIRAR DE SOSLAYO. «Aquí nadie merma nuestras alegrías con miradas oblicuas» escribe el poeta latino Horacio (65 a. C.) para referirse a esa forma especial de mirar que suele expresar envidia, odio o desconfianza. Pero que, dependiendo del contexto, encierra muchos más significados, como el de señalar a alguien con disimulo o incluso interesarse por otro con un fin seductor, y que han llegado hasta nuestros días conservando prácticamente el mismo sentido que tenían hace 2.000 años.

LAS OREJAS

Además de los dedos, las orejas son parte importante de muchos gestos, así que vamos a recordar lo que nos trajo aquí:

TIRAR DE LAS OREJAS. Los romanos pensaban que la memoria residía en la memoria, así parece en palabras de Plinio: “Est in aure ima memoraiae locus”. De ahí que haya llegado hasta nosotros y en los cumpleaños se da un tirón de orejas, para recordarnos el paso inexorable del tiempo o para que no vayamos perdiendo la memoria a medida que pasan los años

Sin embargo, este signo era utilizado en Roma en un contexto diferente, era la parte de un ritual utilizado en la citación de testigos a juicios: la antestatio. Así, tirando del lóbulo se le recordaba que había prometido atestiguar. El ritual era el siguiente: se le tiraba de la oreja al que había de atestiguar y se le decía “recuerda que tú serás mi testigo en esta causa”. Horacio en sus “Sátiras” así lo cuenta: «Quieres servirme de testigo. Le presentó la oreja. Y arrastra al otro al juicio».

Este mismo emblema se presenta en la antigüedad con otros significados. Así pues, manus ab extrema aure pendere, es decir, colgar la mano del lóbulo de la oreja, significaba, si quien lo hacía era una mujer y si la oreja era del amante, que éste podía darse por enterado de que su pareja tenía una queja. Era la manera de decirle al amante: ¡Menuda me la has hecho!

Pero no olvidemos que el gesto de “tirar de las orejas” también hace referencia a la acción por la que se insta a corregir una infracción” tal como lo describe Séneca “Déjame hablar y me tiraré de la oreja”.

Otros gestos con las orejas, sin embargo, no han modificado su significado con el paso de los años, como el de TAPARSE LAS OREJAS cuando no se quiere oír lo que se está diciendo o, para expresar burla, el gesto de IMITAR LAS OREJAS DE ASNO apoyando el pulgar en la cabeza y moviendo los dedos con las palmas abiertas.

Boton Me Gusta RomanoUna anecdota: El cine nos ha hecho creer como ciertas muchas de las cosas que nos ha mostrado, y qué no hay tan “tópico” el gesto de aprobación y desaprobación que suponían la vida o la muerte del gladiador vencido. Pues bien, a la luz de los textos no puede concluirse que el gesto de dirigir el pulgar hacia el suelo fuera la orden para matar al vencido. En realidad, se puede interpretar con el significado contrario: el de lanzar las espadas en señal de perdón. El gesto para expresar perdón podría haber consistido también en colocar el pulgar entre todos los otros dedos, con la mano cerrada. La orden de matar, en cambio, se expresa con un gesto, uertere pollicem , que se ha interpretado de diversas maneras: se puede tratar de dirigir el pulgar al pecho o bien de girarlo hacia el suelo.

Lo que no podían imaginar es como ese signo sería tan visible hoy en día como signo del “me gusta” de Facebook!!!!

Fuentes:

- El por qué de nuetros gestos, La Roma de ayer en la gestualiad de hoy. M. Antònia Fornés Pallicer, Mercè Puig Rodríguez-Escalona

- El Mundo

- “Todos los gestos llevan a Roma” Elena Soto
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Re: La otra Historia de Roma

Mensaje por Hath el Dom Feb 17, 2013 12:07 am



Las maldiciones escritas en tablillas, las prácticas de vudú contra enemigos personales o las pócimas para ganarse el amor

de la persona deseada eran habituales en la antigua Roma.

Brujas y nigromantes realizaban estas prácticas y eran temidos por los romanos, que para protegerse de maldiciones

tan terribles como el mal de ojo portaban todo tipo de amuletos.






Podéis leer este interesante artículo en HNG110. Anunciado en nuestra web: www.nationalgeographic.com.es
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Re: La otra Historia de Roma

Mensaje por Hath el Dom Feb 17, 2013 2:45 am

La pesca en el Imperio Romano

La importancia de la pesca se incrementó durante el Imperio Romano. Varrón nos cuenta como la cría de peces era muy lucrativa para las personas que se decidían a construir viveros.

La técnica se basaba en desviar agua del mar para alimentar arroyos privados o estanques.

Plinio también nos da cuenta de esta actividad, nos relata como en la costa meridional de la península Ibérica, especialmente en Carteia (Cádiz), se excavaban viveros

en la roca natural para mantener los peces vivos y controlar su cría. Hasta tal punto tenía importancia esta actividad, que el famoso historiador romano nos dice que a la

muerte de Lúcullo, un criador napolitano, sus viveros se cotizaban a cuatro millones de sestercios, lo que es una cifra nada desdeñable.

Tenemos datos sobre la actividad pesquera en Sicilia, donde Plinio nos da cuenta de la obtención de coral en las islas Eolias y en Drapanum;

Plutarco menciona sus famosas anguilas; Marcial, Quintiliano o Macrobio nos hablan de sus lampreas y Juvenal, del salmonete, que se pescaba entre las rocas y se vendía

en los mercados de Roma a un precio muy alto, un sestercio la libra.

Tenemos información sobre la captura de venderas en Tyndaris (Plinio), arenques (Pólux), atún en Cephaleodium (Silio Itálico) o el escarus que menciona Petronio en su Satiricón.

Como se ve, una amplia variedad de especies que hacían de los caladeros sicilianos un lugar muy atractivo para los pescadores, que se contaban por cientos y se agrupaban en

cofradías, como relatan las crónicas. Para conseguir comerciar con el pescado fresco, se transportaba vivo hasta Roma donde era almacenado en estanques de agua salada

en el llamado Forum Piscarium, nombre que recibía el mercado de pescado en la capital del Imperio.





En Egipto, la variedad de especies era también muy importante. Plinio, en su Historia Natural, nos dice que el siluro llegaba a alcanzar precios altísimos y se utilizaba en medicina,

como el coracimo o el myax.

También eran muy apreciados los moluscos. Juvenal nos explica que, en Roma, la venta ambulante de pescado procedente de Egipto era habitual.

Se conserva abundante documentación sobre la actividad pesquera en esta región entre los siglos I y III d.C. En ellos podemos saber que existían impuestos que grababan la

pesca, que se necesitaba una licencia renovable para ejercer la actividad, que los pescadores se agrupaban en cofradías, que existían inspectores que controlaban las entregas de pesca

o ciertas prohibiciones sobre la venta de algunas especies en mercados.

Disponemos también de información sobre las especialidades de otras zonas del Imperio, como el garum de Leptis Magna, en Tripolitana (actual Libia); las anguilas del río Orontes

y del lago Apamea (en Siria); las abundantes especies del Jordán o de las asociaciones de pescadores del lago Tiberíades.

En Asia Menor, las costas de la Propóntide, el Bósforo y el Ponto Euxino seguían repletas de pesquerías, como en época helenística.






El geógrafo griego Estrabón nos dice que se capturaban atunes, lenguados y rodaballos y que los bancos más importantes se encontraban en Trapezunte, Farnacia, Sínope,

Bizancio y Calcedonia, haciendo referencia también a los caracoles del Helesponto. Para el médico Galeno, el pescado fresco del Ponto era el de mayor calidad.

Plinio vuelve a mencionar los mejillones de Cícico, de Grynium y de Myrinas; las veneras de Mitilene y de Quíos.

Polibio señala que las mejores esponjas se capturaban en las cercanías de Antidrellus, en Licia; también eran valoradas las de Rodas y, en menor medida, las del Helesponto.


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Re: La otra Historia de Roma

Mensaje por koshka el Dom Feb 17, 2013 3:22 am

¡Ay esta momia, que se pasa al enemigo!

¡Ave, guapa!
abrazito
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