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LA ULTIMA EMPERATRIZ DE CHINA

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LA ULTIMA EMPERATRIZ DE CHINA

Mensaje por Bloody el Sáb Feb 27, 2010 10:55 pm

LA ULTIMA EMPERATRIZ DE CHINA

No se sabe la fecha exacta, pero puede ser que hacia finales de 1835 naciera en Pekín, en la calleja del Peltre, en casa de uno de los hermanos Muyanga, una niña, a la que se dio el nombre de Orquídea, y que se quedó huérfana de padre cuando era todavía muy pequeña. Su madre, sus dos hermanos varones y su hermana pequeña, así como ella misma, se quedaron bajo la tutela de su tío, y allí creció Orquídea, en una familia de cierta posición, pero donde más o menos ejercía funciones de casi criada, porque ella no era hija de la familia principal, sino sobrina. Reinaba entonces en China una dinastía manchú, en la persona del emperador Hsieng Feng, que despreciaba a los chinos, y para mantener la pureza en la línea de sucesión, era necesario que el emperador se desposase con una joven manchú y no china. Cuando Orquídea cuenta con 17 años, es convocada a Palacio en la Ciudad Prohibida, junto con 200 jóvenes manchúes y vírgenes. Entre ellas está también su prima Sakota, de su misma edad, y que ha convivido con ella desde la muerte de su padre, con lo cual se puede decir que casi son hermanas. No sólo se va a elegir a la esposa principal, sino también a las concubinas. Orquídea sabe que su prima tiene más posibilidades que ella, ya que su propia hermana mayor ha sido esposa principal hasta su reciente muerte. Pero confía en su buena suerte, y por ello no duda en romper su compromiso con su primo Jung Lung, jefe de la Guardia Imperial, a pesar de su amor por él, porque sabe que ha sido elegida para un destino más alto que ser la esposa de un guardia y parir hijos. Abandona la que ha sido su casa y se dispone a pasar la primera de sus muchas noches en la Ciudad Prohíbida.

Antes de partir a la Ciudad Prohibida, Orquídea debe cambiar su nombre; ahora será la dama Yehonala, que es el nombre del clan de su familia, y así será inscrita en los registros de palacio. La última noche en su casa la pasa haciendo planes, hablando con su prima Sakota, elucubrando como será la vida tras los muros palaciegos. Ambas saben que una vez que los traspasen, no volverán a salir, y nunca volverán a ver a su familia, a no ser que ocupen un escalafón tan alto que a sus propios parientes les sea permitido ir a verlas. Sakota llora desconsolada, pero Yehonala, aunque tiene miedo, mira al futuro con determinación. Al llegar al palacio, las jóvenes son separadas en cuatro grupos, y a Yehonala, cuya familia no es demasiado importante, le corresponde el tercero. Cuando tiene que pasar por delante del emperador, al cual está prohibido mirar, ella se atreve a mirarle directamente a los ojos, y le encandila, hasta el punto de que la elige. Pero no debe hacerse ilusiones, de momento es una más entre muchas concubinas, y como esposa es elegida, como era de esperar, Sakota, en honor a la hermana muerta que ha sido antes esposa del emperador. A Yehonala la acomodan en una habitación que da a un hermoso patio florido, con una criada a su servicio, hermosa ropa de seda y algunas modestas joyas, aunque a ella le parecen fastuosas. Su nueva vida ha comenzado.

La vida de una concubina puede ser sencilla o complicada, dependiendo del carácter de cada una. Algunas de ellas nunca serán llamadas a compartir lecho con el emperador, y de hecho en la época de Yehonala hay concubinas que envejecen en el Palacio de las Concubinas Olvidadas, de la época del padre e incluso del abuelo del actual emperador. Yehonala nunca se atreve a pensar que esa suerte puede correrla ella. Además, sabe que el protocolo indica que los en los primeros tiempos el Hijo del Cielo, tal es el nombre que se le da al emperador, no llame a ninguna concubina. Primero debe disfrutar de la compañía de la primera esposa, e incluso lo deseable sería que ésta se quedase en estado antes de derrochar la sagrada simiente con otras mujeres.Muchas de las muchachas se dedican a dejar pasar el tiempo de manera indolente, comiendo dulces, cotorreando y maquinando. No es ese el estilo de Yehonala. Vive recluida en sus habitaciones, pasea por su hermoso patio, y como se aburre, pero no desea relacionarse con nadie, pide permiso para aprender con los profesores imperiales, que son todos eunucos. Recibe clases de Literatura, caligrafía, historia de China, y pintura. En esta última disfruta especialmente. En una ocasión en que acaba de recibir la clase de Literatura, se le acerca el eunuco Li LIen Ying, que ha decidido ponerse a su servicio porque sabe que se trata de una mujer especial. Le comunica que su prima Sakota está embarazada, avisándole también de que se prepare, porque quizá en los próximos días se le llame a las habitaciones imperiales. Este Li Lien Ying, joven todavía, será junto con el jefe de eunucos, An Th Aih, el principal valedor y defensor de la joven en este mundo peligroso que es la Ciudad Prohibida, y le acompañará toda su vida.


Yehonala, a pesar de su juventud, es inteligente y muy astuta,, y sabe que la mejor manera de llegar al emperador es ganarse el cariño de su madre. A la vieja emperatriz le gustan mucho los melones, y Yehonala le lleva uno cada mañana y se lo sirve personalmente. Se preocupa de sus más mínimos deseos, le cuenta historias del gusto de la anciana, que como la mayoría de las mujeres no sabe leer. Y se preocupa mucho por ella misma, se cuida de estar siempre hermosa y agradable, de aprender cada día algo nuevo y de no dejarse ver tal como realmente es ante nadie, pues en nadie confía, aunque empieza a tomarle cariño al eunuco que la ha tomado bajo su protección. Cuando la llaman al cuarto imperial, se arregla rápido, pues sabe que el Hijo del Cielo llama enseguida a otra mujer si la primera elegida se demora. Entra en la habitación del emperador y de nuevo se da cuenta de que éste representa bastante más edad de la que tiene, pues apena está en la treintena, y de que su rostro tiene color enfermizo y se presenta macilento y desagradable. Su cuerpo es fofo, propio de un hombre que no hace ejercicio ni lleva una vida sana. Pero ha sido ella la que ha elegido su destino, así que cierra los ojos, aprieta los dientes y aguanta que la toque con sus manos heladas. Tres días y sus noches se queda en el cuarto del emperador, y cuando por fin va a sus aposentos, tiene que guardar cama, enferma de asco y decepción. Ese es el precio que se paga cuando una es demasiado ambiciosa.

Después del encuentro con el Hijo del Cielo, Yehonala está tan decepcionada y asqueada de aquel hombre enfermo, que debido a los excesos en la comida, la bebida y el sexo, debe recurrir a drogas para poder
cumplir con su papel, que no desea seguir viviendo. Cuando el emperador se recupera y la vuelve a llamar, se niega a ir, y los eunucos no saben cómo decírselo a Su Majestad. Ella se niega, dice que se tragará sus pendientes de oro si se la obliga. El jefe de eunucos, An Te Haih, está tan desesperado, que hasta habla con Sakota para que convenza su prima. Esta accede, porque es una muchacha de buen corazón, aunque sabe que no es correcto que ella intervenga. Cuando las dos primas se encuentran, Yehonala le confiesa su horror y su asco, pero Sakota la persuade de que no le queda más remedio que acceder a los deseos del emperador, porque en la Ciudad Prohibida es fácil que una concubina de mal contento muera envenenada o de con sus huesos en el fondo de un pozo. Ella dice que solo accederá con la condición de que al día siguiente la visite su primo Jung Lung, y obtiene el permiso para recibirlo en sus habitaciones. Cuando se ven, le dice que solo soportará la vida en palacio si puede ser suya por una vez. El riesgo es tan tremendo para los dos que el guardia al principio se niega, pero tras mucha insistencia, accede al fin. Cuando Sakota da a luz una niña prematura y con deficiencias mentales, que muere a los pocos días de nacida, Yehonala ya está embarazada.


Cuando el embarazo de la concubina se hace público, se la rodea de toda suerte de cuidados y comodidades, aunque no faltan los envidiosos que buscan la manera de perjudicarla, y entre ellos se encuentra Sh Sun, consejero del emperador, que tiene celos del ascendiente de la joven sobre el Hijo del Cielo. Yehonala sigue entrando en la cámara imperial prácticamente todas las noches, pero no para compartir la cámara de su señor, sino porque éste busca su consejo en los asuntos de estado. A menudo declara que valen más sus ideas que las de todos sus consejeros juntos. Pero Yehonala sabe que le queda mucho por aprender, y por ello solicita que alguien le enseñe todo lo necesario sobre el gobierno del imperio. Nadie mejor para ello que el hermanastro del emperador, príncipe Kung; hombre honrado y de mente preclara, que en un principio se niega, pero cuando sabe que será la madre del heredero y se da cuenta de su inteligencia, se aviene. Eso si; establece como condición que siempre estén presentes en las lecciones sus damas y alguno de los eunucos. Una de las mejores cosas que le pueden suceder a Yehonala es que el príncipe Kung se interese por ella, pues se trata de una de las pocas personas honestas que rodean al emperador, el único que le dice siempre lo que piensa y que actúa en todo momento teniendo presente el bien de la nación.

El embarazo de la concubina imperial es una cuestión de estado, y se la obliga a que se cuide, a que coma saludablemente y lea solo cosas agradables, para que el bebé que espera no se vea perjudicado. Todos los días cuando se despierta, un batallón de médicos la esperan para hacerle el examen diario, y le dan a beber pócimas hechas de hierbas para evitar las melas digestiones, las náuseas, los mareos. Hay que darle al Hijo del Cielo un heredero, varón, y sano. Ahora Yehonala se preocupa mucho más que antes, si cabe, por la política, porque sabe que su hijo gobernará un día el país, y ella tiene que conocer cada mínimo problema que le pueda afectar. Se entera, con enorme disgusto, de que en tiempos del anterior emperador, el padre de su marido, se perdió la batalla contra los occidentales en la llamada guerra del opio; una ofensiva que todavía continúa, y aprende a temer a lo que ella y todos llaman "diablos extranjeros". Pero en el interior del país también hay gente descontenta, pues muchos chinos no han acabado de aceptar la dinastía manchú y les siguen viendo como extraños. En el propio Palacio está la Facción de los Sombreros de Hierro, capitaneados por el Gran Consejero Su Shun, que a ella, personalmente, la odian, y ahora que va a dar un heredero al imperio, todavía más. Sabe que puede confiar en el príncipe Kung y que su primo Jung Lung tiene gran ascendiente en la Guardia Imperial y en todo el Ejército. Si ellos dos están de su parte, los peligros no la asustan. Por fin, en abril de 1856, nace su hijo: un niño sano y robusto, al que se la da el nombre de Tung Shi. El emperador la colma de honores y regalos, y el más importante es que la eleva al mismo nivel que a Sakota, la consorte real, enviándola a vivir a un palacio independiente. Ahora las emperatrices son dos: Tzu An, nombre que se da a Sakota, y Tzu Shi, el nuevo nombre de Yehonala, que quiere decir, emperatriz del Este, porque su palacio queda en esta parte de la Ciudad Prohibida.

Ha ascendido a lo más alto, pero todavía no puede sentirse segura, porque el mismo imperio no lo está; atacado tanto desde su interior como por los diablos extranjeros; con un emperador débil que no sabe tomar decisiones, con consejeros traidores y corruptos. Sabe bien que su hijo heredará problemas y peligros, pero ahí está ella para protegerlo. Aunque en realidad, la otra emperatriz, al menos ante la ley, es su madre tanto como ella, y podrá tomar decisiones sobre su educación, alimentación, sobre toda su vida. La antigua Yehonala, ahora Tzu Shi, sigue aconsejando al emperador, dando su opinión y enterándose de todos los hilos que se mueven tras el Hijo del Cielo. Teme sobre todo a la Banda de los Ocho, los Sombreros de Hierro. Cuando la familia imperial viaja, lo hace con todo el boato, y cuando el heredero es todavía pequeño, se van al Palacio de Verano, que Tzu Hsi no conoce todavía. Se queda asombrada ante la belleza de este palacio, y encantada de que aquí el protocolo se relaje un tanto, así que se dispone a disfrutar de las obras de teatro que tanto le gustan, representadas por eunucos, y de paseos por los hermosos jardines. Cada día sus damas le traen flores frescas para adornar sus cabellos, y ella misma se adentra en ocasiones en las cocinas para ordenar a los eunucos la manera en que cocinar las viandas. Se siente más libre y feliz que en la Ciudad Prohibida.

Pero la alegría y la tranquilidad le durarán bien poco a la emperatriz, porque los diablos extranjeros acechan al trono del Dragón sin compasión y cada día se muestran más duros en sus exigencias. Ella aconseja al Hijo del Cielo que finja ceder, pero que dilate las respuestas y cualquier decisión, porque después de sus conversaciones con el Príncipe Kung sabe que es imposible plantarles cara: ellos poseen armas modernas y ejércitos poderosos, y harían añicos en poco tiempo al débil ejército chino. A tanto llega el asedio que la familia imperial se ve obligada a huir a otro palacio situado mucho más al Norte, y que representa una notable diferencia con el Yuan Ming Yuan: se trata del palacio de Jehol, que aunque tiene unos excelentes paisajes, nuca será tan apreciado como el de Verano para la emperatriz. Por otra parte, la salud del emperador empeora por momentos, y no le ayuda el largo viaje huyendo de los extranjeros, ni las preocupaciones que le atormentan. En Jehol, la Banda de los Ocho prácticamente le tiene secuestrado, y a la emperatriz del Este le está vedado el acceso a su cámara. Tzu Hsi empieza a dudar de que hayan hecho un pacto con Tzu An, la otra emperatriz, para desembarazarse de ella y de su hijo. Por eso acude a verla, y primero con amenazas y más tarde con lisonjas consigue enterarse de que, en verdad, se había tramado un plan contra ella. Hábil como es, consigue poner de su parte a la otra emperatriz, haciéndole ver que Shu Sun, una vez conseguido su propósito, no tendrá reparos en deshacerse de ella también. Además, cuenta con la desventaja de que el Príncipe Kung, su gran valedor, se ha quedado en el Palacio de Verano, intentando negociar con los extranjeros una paz honrosa. Solo tiene a su lado a Jung Lu, y con su ayuda, avisa a Kung del estado de salud de su hermano. Y otra de las ventajas es que guarda en su poder el sello imperial, lo cual le da ventaja para que nombren heredero a su hijo. En el lecho de muerte del emperador, y ante testigos, logra que éste reconozca al pequeño de cuatro años como su legítimo heredero, y lo que es más importante, que las dos emperatrices serán sus regentes hasta que pueda gobernar por sí mismo.



Pero la Banda de los Ocho, y principalmente Shu Sun, no se conforman fácilmente. Cuando el emperador muere, el consejero asume el poder e incluso se atreve a confinar a las viudas en una de las alas del palacio de Jehol, privándolas de todo tipo de comodidades e incluso comida para que cedan a sus deseos. Se le ve sentado en el trono vacante del emperador, y de todos los confines del imperio empiezan a escucharse las protestas ante esta actitud, sobre todo por los informes del Príncipe Kung. El Palacio de Verano ha quedado destruido por los extranjeros, que han actuado de una manera tan bárbara que no se recordaba tal desde el Sacco de Roma. El imperio languidece y solo un milagro pude traer la calma de nuevo. Al final, Kung, ayudado por los militares, gracias a la intervención de Jung Lu, consiguen deponer a la Banda de los Ocho, y las emperatrices, junto con el pequeño emperador, vuelven a la Ciudad Prohibida. Los participantes en la conspiración pierden sus posesiones, y aquellos que tienen sangre real, pueden suicidarse dignamente.... A los demás, les espera una suerte peor. Sh Sun es destinado la peor de las muertes: la de los mil cortes; aunque al final, la emperatriz del Este accede a que sea decapitado, pero eso sí, en un lugar público, para que su humillación sea total: su cabeza rueda entre los repollos, en el mercado central de Pekín. En adelante las dos emperatrices gobernarán aconsejadas por Kung y otros hombres de confianza, en nombre del pequeño emperador. Pero lo harán siempre detrás de un biombo con cortinas de gasa, sin aparecer públicamente ante miradas masculinas. La mayoría de los días, el pequeño monarca también está en las audiencias, aunque cuando se cansa, a menudo acaba la sesión sentado en el regazo de una de sus madres, o tirado en el suelo, jugando con las alfombras, hasta que un eunuco se lo lleva en brazos.

Son años duros para la emperatriz: levantarse al alba, bañarse y desayunar rápido para ir al Salón de Audiencias toda la mañana a resolver problemas de díficil resolución, pues la dinastía manchú no está firme en el trono. Por doquier surgen los descontentos y basta un año de malas cosechas para que todo el mundo se levante en sublevaciones. Y de los extranjeros, Tzu Shi ni quiere acordarse. Todavía guarda en su corazón el odio y el rencor a causa del mal hecho en Yuan Ming Yuan. Y ella no es de las que olvida fácilmente. Solo durante la última hora de la tarde tiene un poco de tiempo para pasear por sus jardínes, cortar las flores que tanto le gustan, o incluso pintar. Su vida como mujer no existe; es viuda y ama a un hombre; aquel al que ha estado prometida desde la cuna; pero sabe que le está prohibido. Sus noches de amor son leer los informes a la luz de las velas, e irse a la cama a medianoche, cuando su eunuco entra en el gabinete y le toca levemente en el hombro, para recordarle que es hora de acostarse. Sabe que su propio hijo quiere mas a su otra madre legal, la emperatriz Tzu An, porque la ve más a menudo y porque su caracter es consentidor y cariñoso, y es a ella a quien le toca prohibir, marcar horarios y tareas, reñir cuando hace falta. El niño ha crecido y se ha convertido en un adolescente, mimado, consentido, y que pasa demasiado tiempo con los eunucos. Y estos pobres seres merecen capítulo aparte, porque se les priva de su masculinidad y a veces se ven obligados a llevar una vida díficil, de lo cual suelen vengarse influyendo en demasía en las personas a las que sirven; de manera que es complicado saber quien es el esclavo y quien el amo.

El emperador no se caracteriza por su responsabilidad y sus ganas de trabajar por el bien del país; ese es un apartado que deja a su madre. El prefiere gandulear con los eunucos, jugar con trenes que le traen de tiendas extranjeras, y últimamente, a decir de los cotillas de palacio, hacer excursiones nocturnas fuera de la Ciudad Prohibida, a los mejores burdeles de Pekín, donde le da igual acostarse con hombres que con mujeres. La homosexualidad o la bisexualidad no es algo extraño a la cultura china, y todo el mundo dice que el anterior emperador, Hsien Feng, también disfrutaba por igual con hombres y mujeres. Tzu Hsi se entera de los vicios de su hijo, y sabiendo como acabó el padre, decide cortar de raíz. Para ello, nada mejor que buscarle esposa, a la temprana edad de 16 años. Siente nostalgia al recordar que no hace tantos años ella misma pasó por la misma selección ante el emperador de entonces y de su madre. No permite que sea su hijo quien elija a la consorte, porque piensa que es demasiado joven y se puede equivocar, y es ella quien escoge a una niña de 16 años, la dama Alute, hija de un manchú influyente, y bastante hermosa. Las concubinas si son elección del emperador, porque piensa que son de menor importancia. Pero la dama Alute sale respondona, y no es lo obediente ni respetuosa que debiese con la madre de su esposo. Y lo que es peor, contra todos los pronósticos, ella y su marido se enamoran, y Tzu Shi pronto advierte que la joven tiene demasiada influencia sobre las decisiones de su hijo, que empieza a ser independiente de la madre. Esto es demasiado para una mujer que lo ha sacrificado todo por su propia gloria, pero también para lo que ella cree que es lo mejor para su país. Tzu Shi llama a su hijo a que la visite y le reprocha que en el tiempo que lleva de matrimonio todavía no haya hecho llamar a las demás esposas elegidas. A su nuera le regaña por ser tan egoísta que se permite disfrutar ella sola de su marido. Aprovecha para sus fines los días en que sabe que su nuera tendrá la menstruación para ir con el emperador a visitar unas tumbas al norte, y allí le envía a la concubina que le parece más hermosa, con el afán de que desbanque a Alute en el corazón de su hijo. La emperatriz madre es dura de corazón cuando le conviene y no le importa usar medios viles para llegar a sus objetivos.

Tzu Shi sabe mejor que nadie que su hijo es débil y que no resistirá las tentaciones, así que aquella noche y las siguientes comparte el lecho con sus concubinas. Cuando llega de vuelta al palacio, también regresa a sus antiguas costumbres de salir de parranda por los peores sitios de Pekín, al punto de que a decir de muchos y bien informados, contrae la sífilis e incluso se dice que llega a contagiar a su consorte principal, Alute. La emperatriz se pregunta si sus sacrificios han sido vanos, cuando se da cuenta de cuan irresponsable es su hijo. Pero no le queda más remedio que seguir adelante, más cuando el emperador se halla cada vez más enfermo. Oficialmente se dirá que padece de viruela, pero aunque no está comprobado, es más que probable que la enfermedad que al final acabó con su vida, fuese la sífilis. La situación de Alute al morir su esposo es complicada, puesto que se ha enfrentado a su suegra y ella jamás se lo perdonará. Cuando los funerales terminan, la emperatriz la llama a su presencia y le dice fríamente que si ella se encontrase en la misma situación, seguiría el camino de su esposo hacia las Fuentes Amarillas, ya que no había un heredero. Alute entiende el mensaje y aquella misma noche pone fin a su vida ingiriendo veneno. Nada ni nadie pueden detener a la emperatriz cuando se empeña en seguir el camino que se ha marcado. El trono necesita un nuevo heredero, antes de que los clanes manchúes se solivianten. Tzu Shi se decide por el hijo del hermano menor de su difunto esposo, el príncipe Chun, ya que además ese niño es hijo también de la propia hermana de Tzu Shi. Tiene tres años, buena edad para empezar a aprender. Se le saca de su casa sin atender a los ruegos de su padre, que no desea ese destino para el pequeño. Nuevamente Tzu Shi y Tzu An son las regentes del imperio.

Esta emperatriz ha sido muy vilipendiada, tanto por chinos como por occidentales y se llegó a decir que la tartamudez y epilepsia del pequeño emperador, su sobrino, eran debidas al miedo que le profesaba a su tía. De hecho, se dice ahora que una de las causas de que Tzu Hsi lo eligiese como heredero era para apartarlo de su propia madre, hermana de la emperatriz, que le daba palizas y le encerraba, como castigo, días enteros en una habitación oscura. Las dos emperatrices quisieron al pequeño, aunque Tzu An lo mimase, y su tía carnal fuese más dura con él, para hacerle fuerte. Pero nunca lo fue, y creció débil tanto de cuerpo como de mente. Los eunucos, de nuevo, son en parte los culpables de su mala educación, porque le consienten y le maltratan, a escondidas, por igual. A pesar de las órdenes de su tía de que coma de manera sana, le alimentan con dulces y grasas, y cuando siente dolor en el vientre, se le permite fumar opio. El resultado es que Kuang Hsu es un emperador débil, como lo habían sido su primo y su tío. Entre tanto, hay algunos que conspiran contra el trono del Dragón, y uno de los principales conspiradores es el príncipe Tuan, hijo del príncipe Kung, que se cree con derecho a que su hijo mayor sea el sucesor si algo le pasa al emperador y muere sin descendencia. La emperatriz Tzu An, a los 44 años, enferma de la noche a la mañana, aunque su salud siempre había sido buena, y en dos días muere. Esto basta para que en la corte y en las embajadas extranjeras, empiecen a correr los rumores de que Tzu Hsi la ha envenenado. Nunca se ha podido probar nada, pero, como dice el refrán, habla que algo queda. Otro de los defectos que se le atribuyen a Tzu Hsi son sus veleidades amatorias; y sus muchos amantes. Esto es algo impensable para alguien que conociese el funcionamiento de la corte manchú, donde la vida de una viuda, y además regente, estaba permanentemente expuesta al público. Pero hubo algunos biógrafos occidentales de la emperatriz que la calumniaron y la hicieron aparecer tan pérfida y lasciva como una Mesalina cualquiera.

Mientras tanto, el emperador ha llegado a la edad de 18 años, y se hace evidente que debe casarse. No se le permite que elija a su consorte, pero tampoco la emperatriz pierde el tiempo en ello, sino que hace llamar al ser en que mas confía, el eunuco Li Lien Ying para que le ayude, y este le recomienda a su propia sobrina, prima hermana por tanto del emperador, ya que es hija del duque Kwei Hsiang, que era hermano de Tzu Hsi. No es una joven guapa ni mucho menos, pero lo que importa es que es totalmente fiel a las ideas de su tía, y la emperatriz no desea otra Alute que piense por si misma e influya en el emperador. Como principales concubinas se elige a las dos hijas del virrey de Cantón, Perla y Lozana, que son hermosas, pero bobas, o al menos eso creen la emperatriz y su eunuco. Un problema que acecha a la emperatriz es la posición de Japón con respecto a Corea, donde la reina Min, amiga personal de la emperatriz y protegida del Trono del Dragón, se siente amenazada por los nipones. La armada china es inferior a la japonesa, pero para mejorarla hace falta dinero, y no lo hay, ya que se ha empleado en hacer una espectacular Barcaza de Mármol en el Palacio de Verano, que es adonde la emperatriz se ha retirado cuando abandona, al menos nominalmente, la regencia. Este Palacio, como ya hemos dicho, había quedado destruido por orden de Lord Elgin cuando todavía vivía el emperador Hsieng Feng, y la entonces joven Yehonala nunca se recuperó de su pérdida. Por eso ahora lo reconstruye, para pasar en él sus últimos días; aunque deja una pequeña parte en ruinas para recordatorio de lo ocurrido. Los japoneses no descansan, provocan a China sin cesar y se atreven a asesinar a la reina Min, en Corea, lo cual desencadena una serie de enfrentamientos que acaban mal para los chinos. Nadie se atreve a reprocharle nada a la emperatriz, aunque en secreto la culpan de descuidar el ejército y sobre todo la armada china. Y para colmo de males, el emperador desprecia a su consorte y se divierte con la concubina Perla, que al final no ha resultado ser tan tonta como pensaba la emperatriz. Parece que esta mujer nunca podrá descansar; cuando no son los diablos extranjeros, o los enanos de las islas cercanas, es su propia familia la que no le da tregua. Menos mal que tiene a su diosa particular, Kuan Yin, a la que puede contar sus penas; y últimamente se comunica en sueños, o eso cree ella, con la reina Victoria de Inglaterra, la única a la que considera su igual entre las mujeres, que para eso las dos son poderosas gobernantes a las que los hombres temen.


Aunque la emperatriz no resida ya en la Ciudad Prohibida, esto no significa que no esté al tanto de todo lo que allí ocurre, porque tiene sus espías. Sabe que tiene enemigos y se protege. El mismo príncipe Kung, que ha muerto en fechas recientes, en los últimos días de su vida le volvió la espalda e intentó atraerse a la corregente para hacer que Tzu Hsi tuviese menos poder. Ahora le llegan noticias de que el emperador, influenciado por su antiguo tutor, confía en algunos intelectuales chinos que le persuaden de cambios en la manera de gobernar. Entre esos cambios figura el permitir a los chinos que se corten la coleta, que era la manera de representar la sumisión a la dinastía manchú. De hecho, se promulgan algunos edictos en lo que se conoce como "Los cien días de las reformas". La concubina Perla le secunda en todo, mientras la consorte espía para su tía, la emperatriz. Tzu Hsi espera pacientemente a que su sobrino entre en razón, y cuando ve que no es posible, ella misma va a la Ciudad Prohibida y toma de nuevo las riendas del gobierno. No encarcela al emperador, como han dicho algunos de sus biógrafos, pero si le relega a la condición de mera figura decorativa. Ahora no necesita ocultarse detrás de ningún biombo, porque ya se acerca a los sesenta años y considera que se puede presentar ante los hombres sin pudor. Sabedora de que los occidentales la culpan de muchos crímenes, hace gala de una artimaña muy femenina e invita a las damas de las distintas legaciones occidentales a que la visiten. Es un acontecimiento par ambas partes. Las damas occidentales nunca habían pensado que la emperatriz fuese una dama ya de edad, pero todavía hermosa y amable, que estrecha la mano de cada una entre las suyas, las palmea cariñosamente y obsequia a cada una con un hermoso anillo de oro con una perla engastada. Toma el té con ellas, y pueden admirar sus hermosas ropas y sus peculiares protectores de uñas, largos y enjoyados. En privado con sus damas, la emperatriz se burla de esas mujeres altas como hombres, de ojos azules o verdes, como los gatos monteses, en lugar de los normales ojos negros de todo el mundo, y que huelen tan fuerte. Y esos pechos que asoman de sus vestidos impúdicamente. Jamás en la corte se ha visto nada igual. Pero todo es poco por el bien del país.


Pero ni siquiera el recibimiento de las damas extranjeras puede esconder el terrible problema que significan las naciones occidentales en China, a la que se reparten entre todos como si de un pastel se tratase. Desde hace tiempo llegan misioneros y hombres de negocios de toda Europa y de Canadá y Estados Unidos. Algunos chinos, los menos, se han convertido al cristianismo, pero la mayoría no entienden la nueva religión, porque además entre los misioneros hay católicos, cuáqueros, adventistas del Séptimo Día, Metodistas, episcopalianos...Hay cristianos chinos que pasan las cuentas del rosario, pero diciendo "o mi tu fo" en honor a Kuan Yin, y así llaman a la Virgen María. Pronto empiezan a correr rumores de que los cristianos raptan niños chinos para su magia; y hay levantamientos en contra de los extranjeros. Los ánimos están soliviantados de una y otra parte. Y hasta en la corte hay división de opiniones. Están los partidarios de la Venerable Madre, que opinan que hay que echar a los extranjeros, y el Partido del Muchacho, que opinan que vale más la diplomacia. El príncipe Tuan y el duque Lan son partidarios de hacer llamar a los boxers, que según ellos son inmunes por su magia a las balas extranjeras, y en poco tiempo liberarán a China de esa terrible plaga. El asesinato del embajador alemán Von Ketterl dispara los ánimos, y los extranjeros se toman muy en serio la afrenta. Pero también los chinos realizan actos salvajes, como la quema de algunas iglesias cristianas con todos los fieles dentro. Jung Lu acude a hablar con la emperatriz para que pare a los boxers, pero la anciana dama no quiere escucharle. La guerra comienza. Los extranjeros se refugian en el Barrio de las Legaciones.

La emperatriz es una mujer muy terca, siempre segura de si misma y nada dispuesta a dar su brazo a torcer. No escucha al único que le habla sin interés y con el corazón, que es el ya virrey Jung Lu, y da su confianza a los boxers, y con ello sella su desgracia. Debería saber que Occidente no perdona sus ofensas, y por cada uno de sus nacionales muertos, ellos matan cuatro chinos. A tal punto llega el peligro, que Tzu Hsi y su sobrino el emperador se ven obligados a huir, disfrazados de campesinos, hacia el norte. La emperatriz solo se lleva a dos damas, y durante los tres meses que dura el viaje, para en posadas de mala muerte, duerme en camas llenas de chinches y come col y arroz de mala calidad, como la campesina a la que representa con su disfraz. Esto le sirve de cura de humildad, y más aún saber que su amado Palacio de Verano es de nuevo destruido. Hasta su cuarto personal es saqueado. Menos mal que ella ha tenido la precaución de mandar hacer un falso tabique tras el que esconde los objetos de mas valor y que no puede llevarse. Pero aún así, la pérdida es enorme, sobre todo por el orgullo herido. Vuelve a la Ciudad Prohibida, pero como una mujer derrotada, aunque su natural orgullo le impide mostrarse débil. Por el contrario, parece tal cual que sea ella la que perdona a los vencedores y les concede la gracia de su sonrisa.


La emperatriz se da cuenta de que no le queda más remedio que abrir la mano y hacer concesiones. La primera de ella y muy celebrada en el exterior, es la abolición de la tortura, y sobre todo de la "muerte de los diez mil cortes", que era un terrible tormento que podía durar semanas e incluso meses de insufrible dolor hasta que el condenado moría. Su sobrino agoniza en el año de 1908, antes de que cumplir los 40 años, y ella misma sufre poco después el derrame cerebral que le causaría la muerte. Pero antes tiene tiempo de designar un nuevo sucesor en la persona del pequeño Puyi, nieto del príncipe Kung, pues era hijo del también príncipe Tuan. Desgraciadamente para él, reinaría muy poco tiempo, porque la revolución acaba con el imperio manchu. Acabaría sus días como jardinero, y su figura es conocida por el gran público debido a la película "El último emperador". En los últimos años a la emperatriz se le conoce como Vieja Buda, que es el mayor título que los chinos pueden dar a un gobernante. Hay pueblos del interior, que años después de su muerte, se asustaban al saber que ya no estaba entre ellos para gobernar el imperio. Mujer vilipendiada y discutida, tuvo, como todo personaje público, luces y sombras, pero sin duda no fue la Mesalina que los occidentales retrataron. Hay bastantes biografías suyas, algunas buenas, como la de Anchee Min, y otras nefastas, escritas por occidentales que nunca se molestaron en investigar y ni siquiera se ciñeron a la verdad de los hechos.



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Re: LA ULTIMA EMPERATRIZ DE CHINA

Mensaje por Bloody el Dom Feb 28, 2010 12:58 am


Estos son los rarísimos zapatos de las damas manchúes.

A las mujeres de Manchú que vivieron en la región nordeste de China les gustaba llevar zapatos "Cunzi". Probablemente estos fueron los zapatos chinos de tacones altos originales. A diferencia de los actuales, el tacón de los Cunzi estaba colocado en la mitad del zapato y generalmente era de madera. De muchas formas y grosores algunos se asemejaban al casco de un caballo y otros a botellas. A los zapatos se les asignaba el nombre según estas formas.

¿Por qué quisieron las mujeres de Manchú llevar este extraordinario estilo de zapato con tacón? Hay un cuento de hadas chino, que narra la historia de un emperador de Manchú, quien fue asesinado. Su hija quería vengarlo, pero las profundas aguas frenaban a su ejército. Tuvo una idea al observar una grulla blanca de largas piernas y organizó a las personas para hacer un zapato tipo grulla. Así el ejército pudo atravesar las aguas y recuperar la ciudad para su padre. Desde entonces las mujeres de Manchú también usan zapatos Cunzi para prevenir la picadura de serpiente cuando recogen champiñones.

Usando los zapatos Cunzi, también llamados "Qi", las mujeres de Manchú no sólo parecen más altas al andar, sino que además lucen más elegantes y graciosas. Por supuesto, del mismo modo hay defectos al calzarlos, no se puede andar demasiado rápido ni demasiado lejos. Con el progreso de la dinastía Manchu, esta se fusionó con la cultura Han. Hasta finales de la Dinastía Qing únicamente se los vio en el palacio, en los pies de las concubinas imperiales. Actualmente, a estos elegantes zapatos sólo se los ve en un escenario.

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Re: LA ULTIMA EMPERATRIZ DE CHINA

Mensaje por Bloody el Dom Feb 28, 2010 1:00 am



Pabellones de la Ciudad Prohíbida, interior del gineceo



Li Lien Ying

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Re: LA ULTIMA EMPERATRIZ DE CHINA

Mensaje por Bloody el Dom Feb 28, 2010 1:01 am



Indumentarias chinas del siglo XIX. La joven dama Yehonala

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Re: LA ULTIMA EMPERATRIZ DE CHINA

Mensaje por Bloody el Dom Feb 28, 2010 1:02 am

La guerra del Opio o Guerra anglo-china ocurrió entre 1839 y 1860 y fue el resultado de los conflictos comerciales entre China y el Reino Unido. China estaba intentando prohibir el consumo de drogas, particularmente del destructivo opio que generaba fuertes adicciones entre su población con las graves consecuencias sociales y económicas mientras que Gran Bretaña contrabandeaba el opio procedente de la India británica y lo introducía en China.

Durante el siglo XVI China y Europa comenzaron su intercambio comercial marítimo. Se establecieron colonias portuguesas en India y Macao, España adquirió las Filipinas, y el comercio creció aceleradamente. Desde Manila partían galeones cargados con las riquezas de Oriente.

El emperador Qing intentó limitar el contacto con Occidente permitiendo que solamente Cantón estuviese abierto al comercio, imponiendo a los europeos pesados trámites y restricciones para la venta de sus productos y protegiendo sus propios monopolios de producción de la competencia, con lo que los precios subieron y la demanda china de productos europeos bajó; España inició la venta de opio a los chinos, junto con tabaco y maíz para equilibrar el déficit.

En el Reino Unido, había gran demanda de té, seda y porcelana chinas, pero los productos británicos no estaban posicionados en China, por lo que el país tenía un fuerte déficit comercial y los artículos chinos tenían que pagarse con plata. Para compensar el déficit, siguió el ejemplo de España, vendiendo a los chinos el opio que se cultivaba en la India británica. El comercio del opio creció y la plata británica disminuyó en China.

En 1729, el emperador Yongzheng prohibió su comercio, por la gran cantidad de adictos que generaba. La prohibición generó el conflicto, pues mientras el emperador chino veía en la droga un peligro para la población, los británicos veían en el comercio del opio una manera de compensar el comercio con China, pues la droga les generaba ganancias cercanas al 400 por ciento. Las guerras que se entablaron por esta razón y los acuerdos y tratados que les siguieron, llevaron a abrir los puertos chinos al comercio y a colapsar la economía china.

La droga se cultivaba en China desde el siglo XV, se mezclaba con tabaco de acuerdo con una receta inventada por los españoles, los holandeses dominaron el mercado a partir del siglo XVII y el consumo se generalizó tras el contrabando británico en el XVIII. Tras percatarse de los problemas de salud vinculados con el opio, en 1829 el gobierno imperial chino prohibió su consumo; la droga comenzó a circular clandestinamente.

El Emperador Daoguang, alarmado ante el creciente y desenfrenado consumo de Opio en China , encomendó a Lin Hse Tsu su combate. Lin Hu Tsu ordenó la destrucción de cerca de veinte mil cajas de opio y envió un correo a la Reina Victoria pidiendo que respetase las reglas del comercio internacional, no introduciendo más opio a suelo chino. Por toda respuesta, en noviembre de 1839, la reina Victoria envío a la flota británica para atacar a la armada china en Hong Kong, iniciándose la contienda, de la resultaría derrotada China. En la guerra del Opio estarían implicadas otras naciones, como Francia, aliada y socia comercial de Gran Bretaña y Alemania.

Tras perder, China se vio obligada a tolerar el comercio del opio y a firmar tratados unilaterales y humillantes en los que se le forzaba a abrir sus puertos, en el Tratado de Nankín, China cedió Hong Kong a Gran Bretaña y amplió el territorio de concedido a los portugueses.

El sentimiento de vergüenza y humillación provocaría otras rebeliones en China como la Rebelión Taiping en 1850 y que se consideró una segunda guerra del opio, la Rebelión Boxer en 1899, y finalmente el levantamiento armado encabezado por Sun Yan-set y el Kuomintang, que traería como consecuencia el derrocamiento, en 1911, de la Dinastía Qing.
El Palacio de Verano, jardín imperial construido en 1750 bajo el imperio de la dinastía Qing ( 1644-1911), combina de forma armoniosa los paisajes montañosos y acuáticos con las obras arquitectónicas creadas por el hombre, lo que lo convierte en una obra maestra de la jardinería clásica china.



La principal entrada del Palacio de Verano, situada al este, se compone de una puerta principal por la que pasaban el emperador, la emperatriz y sus concubinas y otras dos puertas laterales, utilizadas por cortesanos y guardias.



Tras la entrada se encuentran un pórtico y un pabellón, empleados por el emperador para despachar con sus ministros los asuntos políticos. En el centro del pabellón se ubica una plataforma cuadrada rodeada por escaleras y balaustradas de madera con exquisitos bajorrelieves.

En la plataforma se encuentran el trono, una mesa alargada y otros muebles, entre los que destaca un biombo finamente labrado con más de 200 caracteres chinos, entre los que destaca el emblema de la "longevidad". A ambos lados del pabellón se sitúan unas estancias donde la emperatriz madre Cixi y el emperador Guangxu descansaban tras concluir las entrevistas.

Detrás del Pabellón de la Benevolencia y la Longevidad se extienden tres patios, donde habitaban la emperatriz viuda Cixi, el emperador Guangxu y sus esposas.

El patio de Cixi, llamado de la Alegría Eterna, se sitúa entre el lago Kunming y el teatro Dehe, y está compuesto por una sala de estar en el centro, un dormitorio al oeste y un cuarto de reposo al este, todos amueblados según su disposición original. Cuatro incensarios dorados adornados con murciélagos y duraznos ocupan las cuatro esquinas de la sala.

El teatro Dehe cuenta con un escenario de tres pisos y tribunas para los espectadores, principalmente los miembros de la familia real y los aristócratas. El suelo del escenario está construido con tablas móviles que permitían a los actores subir y bajar libremente a escena cuando encarnaban a inmortales o espíritus.

El teatro contaba también con un torno para cambiar los fondos, y un pozo y cinco estanques que ayudaban a mejorar la sonoridad y cuya agua también podía ser utilizada en caso de que la representación así lo requiriera.

El cuerpo principal del Palacio de Verano lo forman el lago Kunming y la colina de la Longevidad. El conjunto arquitectónico comienza en el pórtico Yunhuiyuyu, a orillas del lago, y asciende hasta la cima de la colina, donde se encuentra el muro Mar de la Sabiduría.

Entre el pórtico y el muro se ubican la Puerta Paiyun (de las Nubes Blancas), la Puerta Ergong (de los Dos Palacios), la Sala Paiyun, el Palacio Dehui (del Brillo Moral) y el Templo Foxiang ( del Incienso Budista), edificaciones que dan al palacio un aire majestuoso.

Serpenteando entre el paisaje, el área residencial y las estancias oficiales, se encuentra una galería de pinturas de 728 metros de largo, en la que se concentran más de 8,000 dibujos de vivos colores representando escenas históricas, figuras humanas, flores y animales. En 1992, fue incorporada en el Libro Guinness de los Récords como la galería pintada más larga del mundo.

Típico jardín imperial de la dinastía Qing, el Palacio de Verano atrae cada año a más de seis millones de visitantes. Durante la temporada alta, las visitas diarias pueden sobrepasar las 150,000 personas

Edito para decir que donde pone Ci Xi se refiere a nuestra emperatriz, Tzu Hsi


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Re: LA ULTIMA EMPERATRIZ DE CHINA

Mensaje por Bloody el Dom Feb 28, 2010 1:03 am


Retrato de Jung Lu
La Residencia de Veraneo en Chengde, forma parte del Patrimonio Cultural de la Humanidad. Fue construido en el siglo XVIII, contiene el mayor jardín imperial del mundo. Esta residencia también es conocida como el Palacio de Verano de Jehol.
La construcción de este grandioso palacio se realizó durante 89 años, en una superficie de 5,6 km², casi la mitad de toda el área urbana de Chengde. Es un vasto complejo de palacios y de edificios administrativos y ceremoniales, que incluyen templos realizados en estilos arquitectónicos diversos, así como jardines imperiales, es la residencia más grande y mejor preservada en China.

En la época, para ejercitar la destreza militar por medio de las actividades de caza, el emperador Kang Xi de la dinastía Qing estableció un coto en el nordeste a 400 kilómetros de Beijing. A lo largo del camino de Beijing al cazadero, se construyeron 19 manciones imperiales en total. Y entre éstas, esta Residencia de Veraneo(La Mansión de Rehe) contiene una posición ideal y maravillosas condiciones naturales. Allí el emperador no sólo pasaba el verano sino también atendía los asuntos estatales. Desde Kangxi hasta XianFeng, todos los emperadores pasaban cinco o seis meses del año en este lugar.

La Residencia de Veraneo se divide en dos zonas: una de palacios, y la otra, de paisajes.
La zona palaciega así como la parte más al sur tienen un diseño que recuerda al del Palacio Imperial de Beijing y se dividen en dos partes: la corte exterior y la interior. En la corte exterior, los palacios servían para las ceremonias, audiencias; y la corte interior era la residencia de la familia imperial.
Aparte, la Residencia de Veraneo es especialmente famosa por los 72 lugares de interés que fueron bautizados por los emperadores Kangxi y Qianlong. La mayoría de estos lugares, que se encuentran alrededor del lago, son reproducciones de otros elementos que se encuentran en jardines del sur de China. Por ejemplo, el edificio principal de la Isla de loto verde, la torre de la niebla y de la lluvia, etc.

Edito para aclarar que Chengde es Jehol.

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Re: LA ULTIMA EMPERATRIZ DE CHINA

Mensaje por Bloody el Dom Feb 28, 2010 1:04 am



Dos retratos de la emperatriz viuda. Retrato de Tzu Ann y del príncipe Kung

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Re: LA ULTIMA EMPERATRIZ DE CHINA

Mensaje por Bloody el Dom Feb 28, 2010 1:05 am



Tenemos datos de que en casi todas las civilizaciones ha existido la figura del castrado; desde antes de nuestra era hasta hace un par de siglos han sido hombres de ciertos privilegios, ya que actuaban de consejeros y confidentes de monarcas y emperadores. En la imagen podéis ver al eunuco imperial Li Lianying, pintada en 1890.

Hoy os cuento de los varones castrados de China. Aunque hay referencias anteriores al 25 dne, no tuvieron una presencia regular en palacio hasta esa fecha, comienzo del reinado de Guang Wudi. El emperador Guang castró a todos los servidores que servían a las damas de la corte, de hecho en la dinastía de los Ming eran más de 10.000; sus privilegios eran tales que podían despedir funcionarios, redactar decretos, comprar concubinas, custodiar el sello imperial o controlar las arcas, la ropa y hasta el papel higiénico. Sin embargo no era siempre así, la mayoría trabajaban en las cocinas, barrían, eran músicos, actores o marionetistas. También muchos de ellos son recordados por facilitar las políticas constructivas. Otra obligación era la del aseo de la concubina que elegía cada noche el emperador. La cosa seguía este protocolo: en una bandeja había tablillas de jade, cada una tenía inscrito el nombre de una concubina, el emperador elegía una y el eunuco iba a sus estancias, la desnudaba, la bañaba, depilaba y la llevaba frente al emperador cubierta de un sayo transparente para que no pudiese ocultar un arma. El eunuco esperaba en la puerta un tiempo prudencial y después gritaba: “¡Se ha acabado el tiempo!”, lo repetía tres veces y entraba a por la mujer. Después era muy importante que anotase la visita en un libro, ya que las concubinas que “favorecían” más al emperador tenían más privilegios.
El acto de la castración tenía lugar en un cobertizo de extramuros; algunos se presentaban voluntarios y otros eran vendidos de niños o raptados por traficantes; el caso es que la castración evitaba, en muchos casos, la muerte por inanición. Cuando se recuperaban de la operación se les daba un certificado y entraban en palacio a trabajar.
La castración era en realidad un delito dentro del código sagrado de la piedad filial ya que el cuerpo de una persona es un don de los padres y debía permanecer completo. Por ello, los eunucos guardaban en la “caja del tesoro”, una bolsa o un estuche precintado, sus genitales momificados para que les enterrasen con ellos en el momento de su fallecimien
to.

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Re: LA ULTIMA EMPERATRIZ DE CHINA

Mensaje por Bloody el Dom Feb 28, 2010 1:06 am


Alute y su esposo el emperador



el emperador y el príncipe Tuan

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Re: LA ULTIMA EMPERATRIZ DE CHINA

Mensaje por Bloody el Dom Feb 28, 2010 1:09 am



Barcaza de Mármol en el Palacio de Verano. La Concubina Perla
Un pequeño inciso: los manchues no vendaban los pies de sus mujeres, esta era solo una costumbre china, y entre las clase altas puesto que las campesinas necesitaban piernas y pies fuertes para el trabajo. Hay muchas teorías del por qué de esta costumbre cruel, de esta mutilación, en realidad. Veamos:

Una anciana con los pies vendados y reducidos, una práctica prohibida hace casi un siglo y que se creía extinta, fue vista comprando en un supermercado de Fuzhou (ciudad del sureste del país), informó ayer la prensa estatal.

La anciana, de 86 años, fue sometida a las prácticas tradicionales de reducción de pies cuando tenía seis, es decir, 15 años después de que el Gobierno de la entonces República de China prohibiera esta costumbre milenaria. Al parecer, la mujer vive en una zona rural aislada de la provincia de Fujian, donde podría haber otras ancianas con pies vendados. “Casi todos los clientes de la tienda quedaron sorprendidos por los diminutos pies de la anciana, ya que es algo que se ve muy raramente en las ciudades chinas”, apuntó el rotativo “China Daily”. La práctica, conocida también como “pies de loto”, comenzó durante la dinastía Tang (siglos VI al IX) y, pese al gran dolor que producía en las mujeres, se llevó a cabo durante siglos en todo el país, especialmente entre las clases altas de la región norteña. Los pies extremadamente pequeños eran considerados bellos, según la estética china de aquella época. La práctica hacía que en muchos casos las mujeres tuvieran graves problemas para caminar, o que incluso quedaran inválidas.

A principios del siglo XX la práctica empezó a disminuir, especialmente con la caída del régimen tradicionalista imperial, por lo que las pocas mujeres que viven aún hoy con los pies vendados son casi centenarias. Es difícil sin embargo saber si la práctica está totalmente extinta, dado el aislamiento de algunas comunidades rurales en el país asiático.

Para crearle a una mujer sus “lotos de oro” se empezaba por vendarle firmemente los pies a los cuatro años de edad, doblándole hacia adentro los ochos dedos menores de ambos pies en forma de cuña y obligándola a caminar de esta forma tan antinatural. Se continuaba este método cambiando el vendaje cada cierto tiempo, hasta que los huesos se quebraban y los pies dejaban de crecer, dando lugar a los lotos de marras. Se esperaba hasta la edad referida para evitar que, de hacerlo antes, la niña pudiera perder por entero la facultad de andar. Pero si se hacía pasada esa etapa, existía el riesgo de que los pies ya estuvieran bien formados y rechazaran el vendaje. Lo que al comienzo era un dolor insoportable se iba convirtiendo pasados unos cuatro o cinco años en una penita llevadera y unos pies deformes de por vida. Poco importaba el trauma si al final se conseguía la “hermosura.”

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Re: LA ULTIMA EMPERATRIZ DE CHINA

Mensaje por Bloody el Dom Feb 28, 2010 1:09 am

El vendaje era muy doloroso para las niñas, pero escuchaban las razones por boca de su madre: sus sufrimientos eran imprescindibles para lograr un matrimonio ventajoso. Los reducidos pies eran el camino para alcanzar una situación económica mejor. Un buen matrimonio significaba una vida cómoda donde no se necesitarían usar los pies para andar, pasarían la mayor parte del día tumbadas o recostadas, como signo de riqueza. Los zapatos que llevaban las mujeres de pequeños pies, tenían las suelas tan ricamente bordadas que están pensadospara no andar, sólo para embellecer los diminutos pies de las mujeres ricas. Hasta tal punto los pequeños pies vendados fueron un elemento que favorecía la hipergamia que, en1664, las mujeres manchúes se revelaron porque se les prohibía que copiaran los vendajes de los pies de las mujeres chinas. Para simular pequeños pies idearon un calzado que llevaba una alta suela de madera, pequeña en superficie, que aparentaba la forma del pie de Loto Dorado de las mujeres chinas. A las mujeres trabajadoras no se les vendaban los pies. No sólo porque el vendaje era signo de clase alta, sino porque debían tener los pies libres trabajar.
Esta costumbre se inició en la dinastía Tang (618-906) y continuó hasta 1911, cuando fue abolida. Antes de empezar se realizaba una consulta astrológica con el fin de elegir el día más adecuado para el comienzo del rito de vendaje y se ofrecían pastelillos de arroz a los dioses solicitándoles que los pies de su hija fueran tan suaves como esos pastelillos. A las niñas les metían los pies en remojo con hierbas y sangre animal para eliminar posibles infecciones en la piel y les cortaban las uñas; después, les rompían los cuatro dedos más pequeños del pie a los 4 ó 6 años y durante dos años eran sometidas a un doloroso proceso de vendaje drástico, manteniendo esos dedos rotos apuntando hacia el talón, fuertemente sostenido con tiras de algodón o seda, retirando y renovando el vendaje cada día, consiguiendo así un pie de 10-12 centímetros. Eso implicaba que el pie se deformaba y convertía en un pie cavo, comúnmente conocido como “pie con mucho puente” o pie muy arqueado, el cual tiene además tendencia a la inestabilidad al andar, padeciendo la persona una gran facilidad para las luxaciones de tobillo por no apoyar el pie correctamente en el suelo, sino hacerlo con el borde externo, el contrario al “puente”. Comenzó siendo un lujo de ricos para extenderse y convertirse en un requisito para casarse. Además, existía la creencia popular de que la forma de andar que tenían las mujeres con los pies vendados fortalecía los músculos vaginales y concentraba los nervios del pie en una superficie más pequeña, convirtiéndolos en una zona más erógena. Hay diversas explicaciones a por qué comenzó esa costumbre y qué veían los chinos de aquél entonces de sensual en unos pies tan deformados: que tenía forma de media luna, que el apoyo del pie en el suelo se veía dificultado y para poder mantener el equilibrio su cuerpo sufría una hipertrofia de glúteos (un trasero más voluminoso y respingón) que resultaría más erótico o que al tener los pies así y no poder andar más que a pasitos era más difícil que se escaparan de casa.
¿Podían andar esas mujeres con los pies deformados? Las fotos demuestran que no y que de hacerlo sería a pasitos cortos, sin sufrir dolores porque en el proceso de deformidad sufrían una denervación por compresión, es decir, la presión continua del vendaje comprimía los nervios del pie, que se afectaban y perdían su función de recoger la sensibilidad del pie, siendo un pie “anestésico“, que no siente nada. Además, padecían dolores de espalda, porque cuando no se tiene un buen apoyo por deformidades o incorrecciones de los miembros inferiores (piernas y pies) el peso del cuerpo no se reparte por igual entre ambos y el eje de equilibrio del cuerpo se halla desviado, con lo que para compensar, la columna se desvía y deforma.

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Re: LA ULTIMA EMPERATRIZ DE CHINA

Mensaje por Bloody el Dom Feb 28, 2010 1:10 am


En 1900, la sublevación contra los extranjeros de una secta china llamada Yi He Tuan —«Puños de Justicia y Concordia», o «boxers», como les denominaron los ingleses— culminó en un absoluto desastre para China, lo que perjudicó su precaria soberanía y representó el principio del fin para la dinastía Qing.

China estaba sumergida en una xenofobia profundamente arraigada, resultado de una larga historia de intervenciones extranjeras y, más recientemente, de condiciones sociales y económicas en decadencia. La sociedad secreta de los boxers reforzaba sus campañas jurando que mataría a todos los extranjeros («hombres peludos primarios») y a sus simpatizantes chinos («hombres peludos secundarios»). La cruzada fue instigada por Ci Xi, la emperatriz viuda, que ostentaba el poder desde 1898. Siguiendo la iniciativa de la emperatriz, varios gobernadores provinciales apoyaron la violenta resistencia de los boxers en sus jurisdicciones.

Fortalecidos de esta manera, los boxers saquearon el campo, destruyeron las estaciones de ferrocarril y las líneas de telégrafos y, finalmente, mataron a 231 extranjeros y á millares de chinos cristianos. El 21 de junio de 1900, la emperatriz, impulsada por su patriotismo, declaró la guerra a todas las potencias extranjeras que interferían en la vida política china por intereses egoístas. Los boxers iniciaron un asedio de dos meses a las embajadas en Pekín. Las naciones que sufrieron el ataque, incluyendo Japón, Rusia, Alemania, Gran Bretaña, Estados Unidos, Austria-Hungría e Italia, rápidamente se agruparon en una fuerza internacional con la que llegaron a Pekín el 14 de agosto y vencieron fácilmente a los boxers.

Los términos del protocolo bóxer, el tratado de paz que finalizó con la rebelión, fueron extremadamente duros: China fue condenada a pagar una indemnización de 333 millones de dólares; las tropas extranjeras dejaron guarniciones desde Pekín hasta el mar; los exámenes del servicio civil fueron suspendidos durante cinco años; tres oficiales simpatizantes de los boxers fueron ejecutados, y un cuarto fue empujado al suicidio. El kaiser Guillermo II, uno de cuyos ministros había sido asesinado por los boxers, proclamó triunfante: «Nunca más, ningún chino se atreverá a mirar con desdén a un alemán».

Internacionalmente el prestigio de China llegó a su punto más bajo. La indemnización consumía la mitad del producto nacional y debilitaba a la dinastía Qing. Además, la ocupación de Manchuria por Rusia había trasladado a miles de soldados a la región durante la rebelión. Tras la firma del protocolo bóxer en 1901, las tropas permanecieron allí. En tres años, su presencia provocó la guerra ruso japonesa.

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